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Lengua y Literatura

 

Historia de la literatura española

 


Breve e informal paseo por la
Historia de la literatura española

(desde sus orígenes hasta nuestros días)


 

EN CONSTRUCCIÓN

 

1. Edad Media.

2. Renacimiento.

3. Miguel de Cervantes.

4. Barroco.

5. Neoclasicismo.

6. Romanticismo.

7. Realismo y Naturalismo.

8. Modernismo y Generación del 98.

9. Vanguardias y Novecentismo.

10. Generación del 27.

11. Teatro anterior al 36.

12. Literatura española desde 1939.

 

1. ORIGEN Y EDAD MEDIA

1. Orígenes y Edad Media

 

INTRODUCCIÓN

Las lenguas romances se remontan a sabe Dios cuándo ya que es muy anterior la lengua hablada a la escrita.

Y la lengua escrita durante muchísimo tiempo fue el latín, lengua culta y de referencia hasta épocas recientes. España fue, además, tras un laborioso proceso de conquista, una referencia durante la última etapa del Imperio Romano. De aquí salieron emperadores como Adriano, Trajano y Teodosio (este último impulsó en 380 la conversión al catolicismo del imperio), hijo de cordobés fue gran emperador filósofo Marco Aurelio, también cordobeses ilustres fueron el filósofo Séneca y el poeta Lucano, gaditanos fueron Columela (botánico y filósofo) y Cornelio Balbo (uno de los principales asesores de Julio César), bilbilitano el poeta Marcial, calagurritano Quintiliano (uno de los mejores profesores de retórica de la Edad Antigua).

En la época visigoda nos encontramos con un gigante: san Isidoro de Sevilla (556-636), autor de Etimologías, una especie de gran enciclopedia de todo el saber de la época, que consigue inculcar en la idea de que el pueblo germano es el heredero de Roma, cuestión fundamental que impulsó la tarea de la reconquista siglos después. Tal fue así que el propio Alfonso X el Sabio (1221-1284) aspiró durante décadas al trono del Sacro Imperio Romano Germánico.

Con esta mentalidad se entiende que aunque la gente ya no hablase latín, se consideraba esta la única lengua escrita. Y fue precisamente el rey Alfonso X el que dotó al castellano rango de lengua oficial del reino, cuando se percató claramente de que la mayor parte de sus súbditos ya no entendían esa lengua. Aunque resulta curioso que como lengua poética eligió el gallego, en esta lengua escribió las deliciosas e ingenuas Cantigas de Santa María, una colección de milagros protagonizados por la Virgen.

 

PRIMEROS TEXTOS

Alrededor del siglo X se encuentran las primeras palabras escritas parecidas al castellano. Son pequeñas aclaraciones, o glosas, que explican o traducen algunos textos eclesiásticos para facilitar su comprensión. Las más conocidas son las glosas emilianenses (s.X) y silenses (s.XI), de los monasterios de San Millán de la Cogolla (en La Rioja) y Santo Domingo de Silos (norte de la provincia de Burgos). En el año 2010 la RAE (Real Academia Española) publicó los trabajos realizados sobre los Cartularios de Valpuesta (en la provincia de Burgos, en la frontera con Álava) en los adelanta un siglo estas primeras manifestaciones.

 

LÍRICA

Ya como lengua literaria las manifestaciones más antiguas son líricas: las jarchas (s.XI-XIV). Son pequeños poemitas de amor en dialecto mozárabe (o romance andalusí, habla romance hablada en las zonas ocupadas por los árabes) al estilo de las cantigas de amor del norte peninsular (lamentos de amor de la amada por la ausencia del amado) que aparecen al final de composiciones cultas árabes o hebreas llamadas moaxajas, una creación poética de la Andalucía musulmana. Dos curiosidades: fueron descubiertas casi casualmente en 1948 por el hebraísta Stern, que estudiaba la poesía hispano-hebrea; y tienen la peculiaridad de ser, de momento, los más antiguos vestigios de la lírica popular europea.

La similitud citada entre la poesía popular en la península sugiere que había una conexión que traspasa las fronteras políticas. Así podemos considerar una poesía de transmisión casi exclusivamente oral (muchos años después la encontraremos escrita), breve, sencilla, muy sentida, llena de vocativos y exclamaciones, destinada al canto, con temática similar que va evolucionando con el tiempo. Los temas más primitivos son los citados lamentos de la amada dirigida a la madre o a la naturaleza por el abandono o la ausencia del amado, a ello incorporarán una estructura métrica más compleja y una temática más variada no solamente amorosa sino tema relacionados con la vida cotidiana del pueblo: siega, romería, bodas, vendimia, satíricas, llantos o endechas, etc.

Hacia el s.XII-XIII se desarrolla una poesía en romance provenzal difundida por los trovadores (cansós de temática amorosa, pastorelas sobre escenas campestres y sirventés de carácter satírico) que a través del Camino de Santiago se fue difundiendo desde el norte de España.

De esa influencia conservamos del s.XIII en la lírica gallego-portuguesa las cantigas de amor, puestas en boca del amado, y las cantigas de escarnio o maldecir de carácter burlesco.

Y es en el siglo XIV cuando encontramos las primeras manifestaciones escritas en Castilla. La más representativa y popular es el villancico, que incluye estribillo y glosa, de gran variedad de temas, entre ellos el de temática religiosa que todavía se canta en Navidad. Otras composiciones frecuentes fueron las albas, una muchacha espera a su amado al amanecer; las albadas, canto de lamento de los amados por separarse al alba, las mayas, exaltan el triunfo del amor en la primavera; y las serranas, encuentro de un caballero perdido en la sierra con una serrana a la que requiere de amores. Estas últimas composiciones las puso de modo un poeta culto, el marqués de Santillana.

Con el paso del tiempo algunas de estas obras fueron evolucionando hasta quedar fijadas en una composición muy característica de nuestra literatura: el romance. De él hablaremos más adelante.

 

CANTAR DE GESTA Y MESTER DE JUGLARÍA

Junto a la poesía lírica se desarrolló una poesía narrativa: el cantar de gesta. A imitación de las narraciones fantásticas medievales europeas se desarrolla en España unos extensos poemas que narran las hazañas del héroe castellano que se enfrenta principalmente al invasor árabe. De transmisión oral, con versos que oscilan entre las 12 y 20 sílabas, con rima asonante agrupadas en tiradas, son recitadas con maestría por el juglar, de ahí el nombre de mester de juglaría (el oficio del juglar). Este viajaba de pueblo en pueblo, preferentemente en las fiestas y junto con otras actuaciones y noticias de las guerras de entonces recitaban estos cantares en los que se exaltaba las virtudes guerreras y humanas del héroe.

Aunque suponemos que tuvieron su esplendor entre los siglos XII a XIV únicamente nos ha llegado casi entero uno que narra las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, el Cantar de Mio Cid. Es la primera obra narrativa que conservamos en nuestra lengua. Obra que durante más de un siglo fue viajando de pueblo en pueblo hasta la copia manuscrito por Per Abbat hacia el año 1200.

De las demás obras apenas tenemos unos pocos versos de las Mocedades de Rodrigo y el Cantar de Roncesvalles. Del resto encontramos referencias en otros textos así como su huella en los romances históricos.

 

MESTER DE CLERECÍA

Parece ser que viendo el éxito de los cantares de gesta, algunos clérigos utilizaron las mismas técnicas para, además de divertir y entretener, ir transmitiendo los valores y devociones cristianas de manera amable. La obra más rica y que nos dio el primer autor conocido de nuestra literatura fueron los Milagros de nuestra Señora, atribuido a Gonzalo de Berceo (1198-1264), monje del conocido monasterio de San Millán de la Cogolla. En ella, tras una breve introducción alegórica que nos anima a ser devotos de la Virgen, utilizando el arte juglaresco nos cuenta veinticinco milagros marianos de diversas tradiciones a la que no le falta, lógicamente, la moraleja moral. También escribe obras de santos como las de San Millán, Santo Domingo de Silos, Santa Oria o el Martirio de san Lorenzo.

Utiliza la estrofa cuaderna vía, o tetrástrofo monorrimo, cuatro versos alejandrinos (catorce sílabas por verso) con monorrima consonante. Al ser una composición culta y escrita, el lenguaje está más cuidado, así como la métrica y la rima.

Conservamos algunas obras anónimas del mester de clerecía del s.XIII como son el Libro de Alexandre que narra las fabulosas aventuras de Alejandro Magno en más de diez mil versos y el Libro de Apolonio que recoge una historia muy popular en la Edad Media, la vida de Apolonio, rey de Tiro. También una copia tardía del Poema de Fernán González, que procede a su vez de un viejo cantar de gesta del héroe castellano.

Mención aparte merece el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1283-1351), una singular obra del s.XIV, colección heterogénea cuya hilo argumental gira en torno a una ficticia autobiografía del autor. Junto a poemas en loor a la Virgen, fábulas y apólogos morales encontramos composiciones profanas inspiradas en el Ars amandi de Ovidio, serranillas, pastorelas, parodias de tipo goliardesco, la predecesora de La Celestina en el personaje de Trotaconventos, batallas carnavalescas entre don Carnal y doña Cuaresma, etc. Todo un popurrí de elementos medievales más destinados a la diversión y a la burla que a fines morales.

 

ROMANCERO

A finales del s. XIV encontramos entre el público un agotamiento de los cantares de gesta. El público prefiere escuchar las partes más emocionantes. De esta evolución surge el romance, largas tiradas de versos octosílabos de rima asonante los pares (de ahí que se considere proveniente de los versos monorrima asonante de las aproximadamente dieciséis sílabas del que constaba las obras del mester de juglaría).

Clasificamos en tres grupos los romances de esta época, todos ellos anónimos y, al ser de tradición oral, con diversas versiones. Los histórico-épicos, que relatan las hazañas de los héroes de la Reconquista principalmente, los novelescos, que relatan aventuras inventadas, y los líricos en los que deja huella la temática amorosa.

Estos poemas son, a su vez, agrupados bajo la denominación de Romancero Viejo. La razón es que a partir del siglo XVI y hasta nuestros días poetas cultos utilizaron esta estructura por su belleza lírica formando el llamado Romancero Nuevo, los principales autores fueron: Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Duque de Rivas, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Gerardo Diego, etc.

 

 

LÍRICA CULTA

 

PROSA MEDIEVAL

 

Cuento

 

Alfonso X

 

Libros de caballerías

 

Novela

 

 

2. Renacimiento.

 

INTRODUCCIÓN

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3. Miguel de Cervantes: vida y obras.

 

Vida

Miguel de Cervantes Saavedra nace en Alcalá de Henares en 1547 y muere en Madrid el 23 de abril de 1616. Acostumbrado desde su infancia a las dificultades, su vida viajera y aventurera, su gusto por la literatura y las armas le fue forjando una formación autodidacta y observadora que plasmaría más tarde en su producción literaria.

Hitos relevantes de su vida fueron la temprana afición a los pasos de Lope de Rueda, la influencia del maestro humanista López de Hoyos, su traslado a Italia donde conoce el Renacimiento, su carrera de soldado en la que participa en Lepanto, donde pierde la movilidad de su brazo izquierdo, su posterior secuestro y presidio de cinco años en Argel, su vuelta a España y las penalidades que padeció tanto personales como profesionales, hasta que finalmente alcanza la fama que tanto persiguió ya, prácticamente, al final de su vida. Por encima de todas sus penurias destaca su actitud vitalista y optimista, junto con su fino humor, que tanto trasluce en sus obras.

 

Poesía

Siempre se quejó Cervantes de las pocas cualidades que tuvo como poeta, por mucho que se empeñara en ello. Destacan: “Viaje del Parnaso” obra narrativa en verso en la que alaba o critica a los poetas contemporáneos suyos, y el soneto con estrambote “Al túmulo del rey que se hizo en Sevilla” con ocasión de los funerales en esa ciudad por Felipe II.

 

Teatro

Se inició en el teatro clásico, en la que destacan obras como “Los tratos de Argel”, en la que evoca su tiempo de cautiverio, “Numancia”, tragedia de recreación histórica. Pero no recibe el aplauso del público porque éste ya seguía los modos innovadores de la comedia nueva instaurada por el genial Lope de Vega.

Imita entonces el nuevo estilo pero sin apenas éxito. Publica en 1615 ocho comedias y ocho entremeses jamás representados. Lo más original de su teatro son los entremeses. Las comedias son: El gallardo español, Los baños de Argel, La gran sultana, La casa de los celos, El laberinto de amor, La entretenida, El rufián dichoso y Pedro de Urdemales. Los entremeses: El rufián viudo, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca, El viejo celoso y El juez de los divorcios.

 

Novela

Cervantes es considerado el creador de la novela moderna. Antes de su gran obra, cultivó casi todos los géneros renacentistas. Su primera obra, publicada en 1585 es la primera parte de “La Galatea”, novela pastoril a la que le profesó gran devoción pero que dejó incompleta, quizás porque se había quedado anticuada.

En 1613 publica las novelas ejemplares. Son doce novelas cortas al estilo italiano (novella). El nombre de ejemplares se debe tanto a motivos estéticos –cómo se ha de escribir– como a cierto propósito moral que podemos extraer de las enseñanzas de sus protagonistas. Abarcan gran variedad de géneros, la mitad de tono realista y la otra de carácter idealista. Son las siguientes: “La Gitanilla”, la más extensa, aparece el rapto, el amor y el artificio de la agnición, inspirada en algunos elementos autobiográficos familiares; “Rinconete y Cortadillo”, original novela picaresca; “El amante liberal”, novela morisca donde también aparece el rapto; “La española inglesa”, otro rapto donde una gaditana es llevada nada menos que a la corte de la reina de Inglaterra; “El licenciado Vidriera” original enfermedad en el que un estudiante, que cree ser de cristal, adquiere una preclara agudeza; “El celoso extremeño”, trata el tema de los celos; “La fuerza de la sangre”, novela casi policiaca; “La ilustre fregona”, “Las dos doncellas”, “La Señora Cornelia”, “El casamiento engañoso” y “El coloquio de los perros Cipón y Berganza”.

“Los trabajos de Persiles y Segismunda” es su última novela, de género bizantino, protagonizada por dos jóvenes príncipes nórdicos enamorados que viajan por Europa antes de casarse, publicada en 1617.

 

El Quijote

La obra culmen de Cervantes es “El Quijote”, publicada en 1605 bajo el título de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Diez años después, debido al plagio de un Fernández de Avellaneda, decide publicar la segunda parte. La novela le deparó el éxito que no obtuvo en la poesía ni en el teatro.

Como el gusto de la época se inclinaba hacia los relatos de aventuras fantásticas y Cervantes prefería historias verosímiles, encontró una fórmula para conjugar ambos gustos: un hidalgo manchego pierde la cordura al creerse un caballero andante de modo que decide ir por el mundo para buscar aventuras.

Entendemos que “El Quijote” es una novela moderna por dos características, principalmente. La primera, su complejidad psicológica: don Quijote y Sancho Panza son personajes profundamente humanos, creíbles, con modos de ser casi opuestos, pero que se van mutuamente influyendo, y cuyas personalidades evolucionan a lo largo de la obra, tanto que se suele hablar de la quijotización de Sancho y de la ambigua locura de don Quijote. La segunda característica es el realismo novelesco: la obra está llena de referencias a lugares históricos y geográficos perfectamente reconocibles por sus lectores, la España de comienzos del siglo XVII.

El humor es una constante en la obra. Un elemento recurrente es la mezcla de lenguaje coloquial, culto y arcaico (a imitación del lenguaje caballeresco) que provoca la sonrisa del lector.

Mucho se ha escrito sobre la interpretación de la obra. Por un lado, es conocida la intención satírica dirigida contra los ridículos y excesivos libros de caballería, novelas de evasión tan alejadas de la realidad. Otra interpretación más profunda es la lucha simbólica entre el hombre idealista, representado en don Quijote, y el hombre realista y práctico, representado en Sancho Panza. Y una tercera interpretación es la influencia manifiesta de las obras literarias en la vida de las personas.

En cuanto a los temas de los que trata “El Quijote” son abundantísimos. Baste citar algunos ejemplos: el amor cortés (hacia su dama Dulcinea); la condición humana (y su perenne lucha entre la idealidad y sentido práctico, belleza, libertad y egoísmos); la alta estima hacia el mundo militar y el mundo de las letras; la crítica literaria (utiliza momentos para expresar su propia teoría literaria); el humor (rasgo que acompaña siempre a las obras cervantinas).

 

 

4. Barroco.

 

 

INTRODUCCIÓN

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5. Siglo XVIII

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Literatura siglo XVIII

 

LA LITERATURA EN EL S. XVIII. ILUSTRACIÓN Y NEOCLASICISMO.

Introducción

Felipe V, primer rey de la dinastía borbónica, favorece la incorporación de España a las nuevas corrientes culturales e ideológicas europeas, especialmente impulsadas en Francia. El siglo XVIII o Siglo de las Luces fue el siglo de la Ilustración, movimiento caracterizado por un espíritu reformista y crítico que hizo de la razón el instrumento fundamental para conocer la realidad. Fue obra de una minoría, los ilustrados, que realizaron su labor educativa buscando el bienestar del pueblo, muchas veces apegado a sus tradiciones y en contra de las reformas. Sus características fundamentales son el racionalismo, el reformismo (el Despotismo Ilustrado es una nueva forma de gobierno que pretende mejorar la vida de los ciudadanos sin contar con ellos, insistiendo en la mejora de la economía, la educación y la cultura mediante la creación, por ejemplo, de instituciones como la RAE), el idealismo (ese progreso busca crear un mundo más justo e igualitario, con hombres libres y felices) y el didactismo (a través de la educación y del arte se intenta educar a la gente de acuerdo con las ideas ilustradas contenidas en la enciclopedia).

 

1. Corrientes literarias en el Siglo XVIII.

En la primera mitad de siglo predomina el Posbarroquismo, reducido a un arte extravagante y sin contenido y combatido duramente por los neoclásicos.

El Neoclasicismo, movimiento estético ilustrado por excelencia, pretende volver a los modelos grecolatinos, ejemplo máximo de buen gusto. Persigue un fin didáctico-moral, lo que no excluye el deseo de agradar y conmover al público: en definitiva, el arte debe ser una síntesis entre lo útil y lo bello. Y todo, presidido por la diosa Razón (se busca universalidad y verosimilitud). Esto hizo que la literatura se resintiera en su parte creativa y explica que fuera el ensayo el género más cultivado. La poesía se redujo a una serie de composiciones de tipo satírico o filosófico. Además, toda la literatura se somete a una normativa estricta, según se recoge en las preceptivas (Poética de Luzán).

No obstante, los ilustrados comprendieron que no todo se puede someter a la razón y también dieron cabida, a finales del siglo, al sentimiento, en lo que se dado en llamar Prerromanticismo, una nueva sensibilidad alimentada por el individualismo, el instinto y el sentimiento y que se define por sus ambientes lúgubres y sombríos, sus temas sentimentales o filantrópicos (influencia de Rousseau) y cierta angustia existencial.

 

2. La Literatura ilustrada en España

 

2.1. La poesía

En la poesía del siglo XVIII se reflejan claramente dos tendencias. En primer lugar, las fábulas (poesía didáctica
de carácter narrativo), cuyos principales cultivadores son Félix de Samaniego con sus fábulas morales para ridiculizar los defectos humanos (“La lechera”, “El cuervo y el zorro”...), y Tomás de Iriarte con sus fábulas literarias que se convertirán en preceptivas del Neoclasicismo. Y en segundo lugar, la poesía anacreóntica de Meléndez Valdés como su principal exponente, constituida por composiciones de tema amoroso en ambientes bucólicos (“La paloma de Filis”, por ejemplo). Su producción poética evolucionará hacia temas más serios. Cabe mencionar las escuelas salmantina y sevillana.

 

2.2. El ensayo. Feijoo, Luzán, Cadalso y Jovellanos

La novela casi no se cultiva. Encontramos ejemplos de novela picaresca (Diego de Torres Villarroel). El Padre Isla se burló del barroquismo que imperaba en los sermones de la época en su Fray Gerundio de Campazas.

El ensayo, género característico del siglo XVIII, es un texto en prosa, de extensión variable, variedad temática, carácter reflexivo y finalidad didáctica y moralizante. En España, los ilustrados armonizaron las ideas enciclopedistas con la tradición y la religión. Destaca en la primera mitad de siglo el Padre Feijoo, que se dedicó a combatir supercherías y falsas creencias en su Teatro Crítico Universal (ensayos sobre medicina, geografía, historia, literatura, etc.) y Cartas eruditas y curiosas. Su estilo es sencillo y natural, pues su intención es más pedagógica que estética.

Luzán es autor de la preceptiva neoclásica más importante. En su Poética recoge los fundamentos estéticos y las normas que definen la literatura neoclásica.

José Cadalso criticó en sus Cartas marruecas, con escepticismo pesimista, las costumbres españolas, la decadencia del país y otros aspectos culturales como la educación o el valor de la nobleza a través del intercambio de cartas entre un español y dos marroquíes. Sus Noches lúgubres es el mejor ejemplo de prosa prerromántica.

Gaspar Melchor de Jovellanos, prototipo del político y del intelectual ilustrado, centró su preocupación reformista en los problemas económicos, sociales, políticos y culturales, y mostró gran interés por la educación, la formación profesional y científico-humanística, el aprendizaje de idiomas, etc. Su estilo estaba caracterizado por la sencillez y la claridad. Escribió varios informes sobre cuestiones variadas (Informe en el expediente de la Ley Agraria).

 

2.3. El Teatro ilustrado. Leandro Fernández de Moratín

Como ya sabemos, en la primera mitad del siglo continúa la comedia barroca al estilo de Lope de Vega y Calderón, ya que era el único espectáculo que podía divertir a un público acostumbrado a tramas complicadas, métrica variada y una puesta en escena sorprendente. Destacaron Antonio de Zamora y José de Cañizares.

El teatro neoclásico vuelve a la preceptiva aristotélica e impuso unas normas que alejaron a muchos espectadores de los teatros: separación de géneros, respeto de la concepción clásica de las unidades de tiempo, acción y espacio, verosimilitud, didactismo, ley del decoro, etc. La tragedia tuvo muy poco éxito. Protagonizada por personajes ejemplares que pasan por pruebas en las que triunfan la virtud, el patriotismo y la nobleza, se retrata un mundo donde sólo caben los sentimientos sublimes, los protagonistas de clase alta y final truculento. Destacan García de la Huerta (Raquel) y Nicolás Fernández de Moratín.

La comedia tiene su máximo exponente en Leandro Fernández de Moratín. Consiguió crear un teatro atractivo para el público, fusionando la comedia urbana con la sátira de costumbres. Une dos actitudes: una crítica de raíz intelectual (planteamiento, nudo) que pone de relieve los vicios y errores de la sociedad; y otra sentimental de raíz afectiva (desenlace) que destaca la verdad y la virtud. Cumple con la finalidad didáctica y verosimilitud del teatro neoclásico. El tema principal que preocupa Moratín es la inautenticidad como forma de vida y se vale de dos temas secundarios para expresarlo: los matrimonios de conveniencia y la educación de los jóvenes basada en el autoritarismo (sobre todo en las niñas). Sus mejores obras están en prosa: La comedia nueva o el café y El sí de las niñas.

Hubo además un teatro menor, de tono costumbrista, en la tradición de los pasos y entremeses barrocos. Su expresión más destacada fue el sainete, pieza corta representada en los descansos de carácter cómico y, a veces, satírico y burlesco. Este género fue despreciado por los ilustrados y aplaudido por público. El autor más importante es Ramón de la Cruz, que refleja en sus obras el costumbrismo castizo del Madrid de la época (La casa de Tócame Roque).

El teatro prerromántico tiene como autor principal a Gaspar Melchor de Jovellanos, con El delincuente honrado (1774), comedia lacrimógena donde se exaltan los sentimientos.

 

 

6. Romanticismo

 

El Romanticismo es el movimiento artístico que triunfa en Europa en la primera mitad del siglo XIX. Surge como sentimiento de insatisfacción ante los valores de la sociedad burguesa y exceso de racionalismo ilustrado. Es la rebelión de la libertad, el sentimiento, la imaginación y el poder creador del espíritu.

 

Sus orígenes están en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII. El alemán Goethe con su novela “Werther” (historia de un amor imposible que acaba en el suicidio del protagonista) sentará las bases de este movimiento. Los principales autores son, en Francia, Chateaubriand, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, en Alemania, Schlegel, Novalis, en Inglaterra, Walter Scott, lord Byron, en España, Duque de Rivas, Zorrilla, Larra y Espronceda.

 

Las características principales son:

– Rechazo del mundo real: se siente asfixiado en él y se rebela mediante el enfrentamiento directo o la huida mediante la imaginación.

– Subjetivismo y la exaltación del “yo” con sus ansias de infinitud que chocan con la realidad. Anhela el amor, la felicidad, la libertad, la justicia social pero su fracaso le llevan a encerrarse en sí mismo, volviéndose melancólico, solitario, amante de la muerte.

– Fuga del mundo circundante y creación de mundos imaginarios y exóticos que los presenta de modo exuberante. En ellos la naturaleza salvaje y tenebrosa adquiere un lugar principal en la que expresa sus propios estados de ánimo.

– La reivindicación de regional y nacional, sus costumbres, lenguas y leyendas.

– La libertad creativa se extiende a las obras literarias en la mezcla de géneros.

 

En España, país en el que se inspirarán los románticos europeos (El Quijote es el “héroe romántico”), se introduce tardíamente con la vuelta del exilio de los liberales, imbuidos en Europa de esas ideas, con motivo de la polémica llegada al trono de Isabel II (1833). Su duración es breve pero intensa. Crea nuevos géneros: novela histórica, leyenda y drama heroico y rehabilita el romance. Pero es en la poesía donde deja profunda huella que llegará hasta nuestros días.

 

Los autores más destacados son:

– Mariano José de Larra: su vida fue el prototipo de la del hombre romántico. Periodista, articulista, liberal… que terminó suicidándose. Destaca por sus artículos periodísticos, firmados con seudónimos como Fígaro, El Duende, aparecidos en revistas como El pobrecito hablador y El Observador. Los principales son los cuadros de costumbres, en ellos realiza una crítica mordaz a la atrasada sociedad española, resaltando sus defectos y vicios, con intención de que se modernizase. Los más famosos son: Vuelva usted mañana, El café, El casarse pronto y mal, El castellano viejo… hasta llegar a El día de difuntos, ya próximo a su muerte, donde el combativo luchador del liberalismo deja paso a una persona desengañada y desesperada. Su estilo es incisivo, vivo, agudo y natural, alejado del retoricismo.

– José de Espronceda que escribirá sus mejores obras tras entrar en contacto con el romanticismo inglés durante su exilio político, sobresale por sus dos poemas largos: El estudiante de Salamanca (poema épico lleno de misterio y sucesos sobrenaturales en el libertino Félix de Montemar lleva, con su desdén, al suicido de una amada abandonada), y El diablo mundo (obra inacabada en el que ofrece su visión filosófica de la sociedad). En ésta dejó el famoso Canto a Teresa, una elegía a su amada.

Junto al amor, siente atracción por los personajes marginales, símbolos del espíritu rebelde. Destacan: El mendigo, El reo de muerte, El verdugo y La canción del pirata.

– Gustavo Adolfo Bécquer: poeta ignorado en vida y considerado, después, el iniciador de poesía moderna. Dota a su poesía de una nueva sensibilidad y un léxico poético alejado de la retórica de sus contemporáneos. Escribió en prosa las Leyendas y Cartas desde mi celda (escritas en una estancia en el monasterio de Veruela). Sus Rimas, tras su muerte, fueron ordenadas en cuatro grupos: sobre la poesía misma, sobre el amor ilusionado, sobre el fracaso del amor y sobre el dolor, la angustia y la muerte. Destacan por su sencillez, simbolismo, claridad e intimismo.

– Rosalía de Castro: escribe en gallego Cantares gallegos y Follas novas, un ejemplo del resurgir de culturas regionales de aquella época. En castellano escribe En las orillas del Sar, obra que cierra el Romanticismo e inicia la poesía moderna. Una atormentada confesión de su intimidad, del amor, la soledad, el dolor, la muerte, las injusticias humanas… poemas breves, de rima asonante y nuevas combinaciones métricas.

 

El teatro romántico merece una mención aparte. Sus características son:

– Rechazo a las normas, al igual que en la narrativa o la poesía: ruptura de las tres unidades (espacio, tiempo, acción), división de las obras en tres o cinco actos, mezclan tragedia y comedia, prosa y verso (y éste, de diferentes medidas).

– Los temas son legendarios, caballerescos, históricos o aventureros, pero siempre dramáticos.

– El protagonista es un héroe, envuelto en un misterio, marcado por un destino trágico. Abundan escenas nocturnas, sepulcros, duelos y suicidios.

– Se abandona la intención doctrinal y se busca conmover al espectador.

 

Es inaugurado en España con la obra de Martínez de la Rosa, La conjuración de Venecia, estrenada en 1834, y llega a su plenitud con Don Álvaro o la fuerza del sino (héroe romántico en quien se ceba el destino), del duque de Rivas. Otras obras de relieve son Macías, de Larra; Los amantes de Teruel, de Hartzenbusch y Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, que sigue siendo representado todos los días de difuntos.

 

Para finalizar, la novela histórica más importante: El señor de Bembibre de Enrique Gil y Carrasco, y dos reconocidos costumbristas, Mesonero Romanos (Escenas matritenses) y Serafín Estébanez (Escenas andaluzas).

 

SELECCIÓN DE LECTURAS PARA JÓVENES

Poesía: Rimas de Bécquer, La canción del pirata de Espronceda, una selección de Rosalía de Castro (Negra sombra, Adiós ríos adiós fontes, Dicen que no hablan las plantas…).

– Teatro: Don Álvaro o la fuerza del sino (Duque de Rivas) y si te gusta el estilo, La conjuración de Venecia (Martínez de la Rosa) y Don Juan Tenorio (Zorrilla).

– Leyendas de Bécquer

– Novela histórica: El señor de Bembibre (Gil y Carrasco), para buenos lectores mayores, del tiempo de los templarios.

– Algún artículo de costumbres de Larra: Vuelva usted mañana o El día de difuntos.

 

 

 

7. Realismo y Naturalismo

 

INTRODUCCIÓN

El Realismo es un movimiento literario que se va imponiendo en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. Surge como cierta reacción frente a la estética romántica y en consonancia con las nuevas tendencias filosóficas del momento: el positivismo, biologismo, darwinismo y las incipientes ciencias de la psicología y sociología. En lo social coincide con la consolidación de la burguesía como clase dominante. La característica principal es la representación objetiva de la realidad.

España contaba con una insuperable tradición realista: Cervantes, la novela picaresca, la Celestina, e incluso los artículos de costumbres de la primera mitad de este siglo. Por ello la influencia realista europea no encontrará dificultad en difundirse. Las obras de los autores franceses (Balzac, Stendhal, Flaubert –Madame Bovary–), ingleses (Dickens –Oliver Twist–) o rusos (Dostoyevski –Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov–, Tolstoi –Ana Karenina, Guerra y paz–) sería leídas con avidez. Como primera obra realista española de esta nueva época se considera a “La fontana de oro” de Benito Pérez Galdós publicada en 1868. Ese año se produce La Gloriosa, revolución que derrocará a Isabel II y que llevará a España a una sucesión de gobiernos inestables, de planteamientos ideológicos irreconciliables, que nos avocará a la guerra civil de 1936. Esas dos ideologías enfrentadas, liberal y conservadora, se verá también reflejada en los dos enfoques del realismo.

Las características más destacables del realismo, amén de perseguir la representación objetiva de la realidad, son:
– Documentación y observación objetiva de la realidad. Estudio minucioso y detallista, a imitación de los científicos. El objetivo es la descripción lo más fiel posible a la vida real (verosimilitud). Por ello son frecuentes las descripciones de lugares y ambientes. El género por excelencia es la novela.
– Ambientación contemporánea: su objeto de estudio y análisis es la época en la que viven y no tiempos pretéritos. Se reflejan todas las clases sociales, aunque con un predominio de las clases medias y bajas.
– Planteamiento de tesis: la obra pretende ser una demostración de su ideología o planteamiento científico.
– El análisis psicológico de los personajes es otro de los ejes de estas novelas. Nos encontramos personas normales, vulgares de la clase media, para evolucionar hacia el proletariado o personajes marginales.
– Narrador omnisciente, para pintar esos caracteres el narrador entra hasta lo más profundo del alma.
– El estilo es natural y sencillo, lejos queda el lenguaje ampuloso y enrevesado, y junto a una escritura cuidada no deja de reflejar el habla propia de sus personajes, incluyendo su jerga.

Los autores españoles los podemos agrupar en tres grupos: conservadores o tradicionalistas, que tienden a eliminar los aspectos más desagradables de la realidad, idealizándola (Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera, José María Pereda), liberales, con una visión más crítica y de denuncia (Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, Clarín) y afines al naturalismo, con cierta estética de Zola (Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez).
– Fernán Caballero, seudónimo de Cecilia Bölh de Faber, escribe en 1849 La Gaviota, novela costumbrista andaluza, que marca el fin del romanticismo.
– Pedro Antonio de Alarcón, costumbrista granadino, escribe El escándalo y El sombrero de tres picos, joya de la novela corta española.
– Juan Valera, diplomático cordobés, ensayista y crítico literario, preocupado por analizar profundamente la psicología de los corazones humanos, especialmente femeninos: destacan Pepita Jiménez y Juanita la larga.
– José María Pereda, santanderino que exalta la naturaleza y las gentes sencillas de su tierra: el mundo del mar en Sotileza y la montaña en Peñas arriba.
– Emilia Pardo Bazán, gallega que describe los rudos ambientes de la Galicia profunda con todas sus pasiones y crudeza, especialmente en Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza.
–Vicente Blasco Ibáñez, el “Zola español”, refleja su gusto por los ambientes más sórdidos y crudos del mundo rural de su tierra valenciana en obras como La barraca y Cañas y barros.

Mención aparte merecen Galdós y Clarín.
Benito Pérez Galdós nació en Canarias, pero vino a estudiar derecho en Madrid, donde permaneció dedicándose a la literatura y a la política. En su narrativa destaca, por un lado las novelas históricas agrupadas en los Episodios nacionales, y por otro sus novelas, agrupadas en tres etapas.
– Episodios nacionales: la historia novelada de la España del siglo XIX. Consta de cinco series de diez novelas cada una, excepto la última que está inacabada. Galdós mezcla acontecimientos públicos y privados (novelescos).
– Novelas de tesis: sus primeras novelas reflexionan sobre España para criticar el enfrentamiento entre españoles. A esta época pertenecen: Doña Perfecta y Marianela (de marcado carácter anticlerical).
– Novelas contemporáneas: el autor gira al realismo, con un análisis más profundo, abandonando las “tesis” con Miau y Fortunata y Jacinta (su novela cumbre).
– Novelas espirituales o simbólicas: en las postrimerías de su vida centra su atención en problemas espirituales, como Misericordia y Nazarín.

Leopoldo Alas, Clarín, nace en Zamora aunque pasó su vida en Oviedo. Como prosista escribe más de 60 cuentos, destacan Pipá, ¡Adiós, Cordera!, Doña Berta (narración poética). Como novela larga publica Su único hijo y La Regenta, una de las obra cumbre de nuestra narrativa. En esta obra, que transcurre en Vetusta (realmente es Oviedo) y cuenta la historia de Ana Ozores, una mujer abrumada por la sociedad cerrada en la que vive. En ella predomina la descripción de ambientes y personajes, conformando un retrato de la hipocresía y corrupción de la sociedad del momento.

SELECCIÓN DE LECTURAS PARA JÓVENES
Cuentos: Adiós, Cordera y otros cuentos (Clarín), ejemplo de narración realista, y El clavo (Pedro Antonio de Alarcón), de tema policiaco.
Novela corta: El sombrero de tres picos (Pedro Antonio de Alarcón)
Novela: Trafalgar (Galdós) primera novela de la primera serie histórica "Episodios Nacionales". De la misma serie son La corte de Carlos IV (2), El 19 de marzo y el 2 de mayo (3), Bailén (4), Napoleón en Chamartín (5), Zaragoza (6), Gerona (7), Cádiz (8).

 

 

8. Modernismo y generación del 98

 

 

INTRODUCCIÓN
En el paso del siglo XIX al XX encontramos dos movimientos literarios que se solapan en el tiempo y algo en su estilo. Son el Modernismo y el Grupo o Generación del 98. Así como el primero tiene elementos comunes, especialmente un estilo poético reconocible, el segundo es un conjunto heterogéneo de autores con una idea similar de preocupación por la regeneración social, política y literaria de España. Los modernistas son poetas díscolos con el entorno burgués, preocupados por la estética exuberante, colorista y efectista, sin apenas dar importancia al mensaje, buscando la evasión en mundos o épocas pretéritas e idealizadas sin relación con la realidad; aunque evolucionarán hacia un intimismo existencial y pesimista. Los noventayochistas serán ensayistas y novelistas –aunque se prodigarán también en poesía y teatro–, querrán renovar la sociedad, se fijarán en los problemas de España y del hombre y buscarán soluciones en movimientos reformistas, en la educación y en el pesimismo existencialista, sin perder de vista las tradiciones (recuperarán el Romancero y los autores del Siglo de Oro) enraizadas esencialmente en el paisaje Castilla.

Modernismo.
Entramos en la literatura del siglo XX con un nuevo movimiento renovador: el modernismo. Novedoso, por un lado, porque supone una ruptura con lo anterior (algo poco original, por cierto) y por otro (y es lo realmente novedoso) porque es la primera vez que un hispanoamericano abandera un movimiento literario en España. Se trata del nicaragüense Rubén Darío, que con la obra Azul (1888) pone fecha de salida a este breve pero intenso movimiento de rebeldía y de oposición al mundo burgués.
Recibe influencias, principalmente, de poesía francesa parnasiana (de Theophile Gautier y Leconte de Lisle y su admiración por el mundo grecolatino, oriental y por el ambiente medieval, y el deseo de dotar al poema de una gran belleza estética y formal) y simbolista (en el que destacaron los “poetas malditos”: Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Mallarmé, de los que admiraron su desmesura y ganas de vivir al margen de las convenciones sociales y su gusto por los símbolos y las correspondencias), así como de la poesía autóctona hispanoamericana y de los últimos románticos (Bécquer y Rosalía de Castro).
Hay dos etapas en la obra de Rubén. Una primera parnasiana que se refleja en sus obras Azul y Prosas profanas (1896), colorista, rítmica, exótica, sonora, cosmopolita y vacua. Conocidos poemas de este estilo son "Sonatina" y "A Margarita Debayle". Una segunda, simbolista, la más imitada por los autores españoles, intimista, existencial, angustiada, melancólica, filosófica y social. A esta pertenece Cantos de vida y esperanza (1905) donde encontramos "Canción de otoño en primavera" o "Lo fatal".
El estilo supuso una renovación e innovación formal dirigida a la búsqueda de la belleza a través, principalmente, de la sonoridad y musicalidad del poema (la prevalencia de la forma sobre el fondo: el arte por el arte). Hay una profusión de cultismos, adjetivos calificativos coloristas y sensoriales, aliteraciones, onomatopeyas, sinestesias, metáforas, etc. Se renueva la métrica e introdujeron versos poco usados en la lírica española (como el soneto alejandrino).
Observamos en ellos dos líneas temáticas: la escapista, se recrean en la belleza aludiendo a épocas pretéritas o lugares exóticos; y la intimista, donde expresan su melancolía, tristeza ante el amor y el mundo, con clara influencia romántica y simbolista. Tienen, por ello un cierto parecido con algunos románticos en su rechazo al mundo burgués que los rodea, en su forma de vestir y actuar (dandy, bohemia o antisocial), y en su intento de evasión de la realidad, aunque carecen del idealismo de aquellos.
En España se dejó sentir en la poesía de Salvador Rueda, precursor de este movimiento; Manuel Machado, en poemas como los del Cante hondo; en una primera "etapa sensitiva" de Juan Ramón Jiménez, en Almas de violeta y Ninfeas, Jardines lejanos, Arias tristes y Balada de primavera, Elegías, La soledad sonora, Sonetos espirituales y Platero y yo, en los que se recrea en lo paisajístico y en lo sensitivo; Valle-Inclán en su libro de poemas Aromas de leyenda, y Antonio Machado en Soledades y en su reedición, convertido en Soledades, galerías y otros poemas, si bien en esta última depura muchos de los rasgos modernistas.
En la novela de Valle-Inclán: sus Sonatas (de otoño, estío, primavera e invierno) y la trilogía de La guerra carlista (Los cruzados de la Causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño).
En el teatro se recuperó el verso y los temas históricos. Modernistas son: Francisco Villaespesa en El alcázar de las perlas; Doña María de Padilla, La leona de Castilla; Eduardo Marquina en Las hijas del Cid; En Flandes se ha puesto el sol; Manuel y Antonio Machado en Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel; Juan de Mañara; Las adelfas y La Lola se va a los puertos. También Valle-Inclán en su inicio contiene algunos rasgos modernistas, que pronto superará.
GENERACIÓN DEL 98
Se da el nombre de Generación del 98 a un grupo de jóvenes y heterogéneos escritores, algunos de los cuales militaron en la estética modernista, que quieren regenerar la vida española. Tras la pérdida de las últimas provincias españolas de ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) la sociedad española se encuentra con la trágica realidad de que un glorioso imperio ha quedado reducido a cenizas; no solo territorialmente sino política, social y económicamente. España es un país atrasado y convulso que ha perdido su identidad. En núcleo duro de este grupo lo componen el "Grupo de los tres": Azorín, Baroja y Ramiro de Maeztu que empezarán desde su juventud beligerante a postular soluciones radicales que irán girando hacia lo tradicional. A este grupo se les irán sumando autores como Unamuno, Ganivet, Valle-Inclán, Benavente, Antonio Machado, Menéndez Pidal, etc.
Desde el punto de vista temático, plantearon temas filosóficos, existenciales y religiosos. Influidos por Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, Shopenhauer, Kant, concibieron al hombre como ser temporal abocado a la muerte, que observa de forma trágica y angustiosa la vida, alejado de la fe. Pusieron de manifiesto la incomunicación, la soledad, el sufrimiento, el escepticismo y el pesimismo del hombre. Denunciaron la pobreza y mezquindad, que habían llevado al país a la total decadencia, e introdujeron en sus obras el problema religioso, unido al de la angustia existencial. Al perder la fe, se vieron obligados a asumir el peso de la propia existencia, se plantearon como problema el sentido de la vida, el destino del hombre. Algunos echaron de menos la fe de sus mayores que consuela a la gente sencilla y le ayuda a sobrellevar la muerte.
El tema de España les preocupó sobremanera. Criticaron a los gobernantes, a los partidos que se repartía el poder, a la impasibilidad de la gente ante el atraso español. Invitaban a trabajar para modernizar y sacar de la parálisis a España, primero mirando hacia el exterior aunque después, en algunos casos como Unamuno, prefirieron seguir siendo la reserva espiritual de Occidente y defender lo español.
Influidos por las ideas regeneracionistas, en su deseo de sacar de la incuria y la decadencia a España, recorrieron todas sus tierras para conocer sus costumbres, tradiciones, literatura, etc. Buscaron con ello encontrar la esencia y raíces de un pueblo que en su pasado tuvo proyectos e ilusiones y fue capaz de crear un gran imperio, aunque siglos después de aquel esplendor no quedase más que el recuerdo. Acudieron a la intrahistoria y a modelos literarios, exponentes de lo esencial español. Conciben Castilla como el "alma" de España.
Los autores de la Generación del 98 dieron prioridad al contenido frente a la forma; buscaron la sencillez y la efectividad del mensaje, impregnando de palabras “terruñeras” y alejado de toda elocuencia retórica o barroca. Por eso se encontraron cómodos expresándose a través del ensayo, si bien publicaron también novela, poesía y teatro.
Entre los poetas sobresalen: Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán y Antonio Machado (Campos de Castilla).
En la novela, son dignos de mención: Unamuno (Paz en la guerra; Amor y pedagogía; Niebla; Abel Sánchez; San Manuel Bueno, mártir; La tía Tula); José Martínez Ruiz, Azorín (La voluntad; Antonio Azorín; Las confesiones de un pequeño filósofo); Pío Baroja (sus trilogías: La tierra vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero; La vida fantástica: Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, Camino de perfección y Paradox rey; la trilogía La lucha por la vida: La busca, Mala hierba y Aurora roja; La raza: La dama errante, La ciudad de la niebla y El árbol de la ciencia, etc.) y Valle-Inclán: Tirano banderas y El ruedo ibérico (La corte de los milagros, Viva mi dueño y Baza de espadas).
En el ensayo: Unamuno (En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo), Azorín (El alma castellana), Ramírez de Maeztu (En defensa de la hispanidad).
En el teatro: Unamuno (Fedra, Raquel, El otro), Azorín (Brandy, mucho brandy; Lo invisible) y Valle-Inclán (Comedias bárbaras: Águila de blasón, Romance de lobos y Cara de plata; Divinas palabras; los esperpentos: Luces de Bohemia, Los cuernos de doña Friolera, Las galas del difunto, La hija del capitán).
SELECCIÓN DE LECTURAS PARA JÓVENES (14 a 17 años)
Poesía:
– una selección comentada de poemas de Rubén Darío de Prosas profanas: Sonatina, Blasón o El cisne; de Cantos de vida y esperanza: Salutación del optimista, Marcha triunfal, Canción de otoño en primavera, Un soneto a Cervantes, Lo fatal; la canción A Margarita Debayle. El Cristo de Velázquez (Unamuno).
– Campos de Castilla de Antonio Machado.
– Platero y yo, prosa poética de Juan Ramón Jiménez.
Novela:
– La trilogía de las guerras carlistas (Valle Inclán)
– Zalacaín el aventurero (Pío Baroja), aventuras para los más jóvenes, y para los mayores: La busca (Pío Baroja), Las inquietudes de Shanti Andía (Pío Baroja), Niebla (Unamuno) y La tía Tula (Unamuno), para los mayores.
Ensayo:
– Castilla (Azorín), para los mayores que quieran aprender a escribir, La ruta de don Quijote (Azorín), Vida de don Quijote y Sancho (Unamuno).
Teatro:
Para mayores: Voces de gesta (Valle Inclán) y Luces de Bohemia (Valle-Inclán), la mejor representación del esperpento, aunque necesitarán una guía para comprender la complejidad de referencias en la obra.

 

 

9. Novecentismo y Vanguardias

 

Una época de innovaciones
Novecentismo o Generación del 14 está compuesto por un grupo de intelectuales liberales comprometidos con la modernización y europeización de la sociedad a través de la educación por parte de una minoría selecta frente a unas masas sin preparación política. En lo literario, reivindica una nueva estética frente a lo decimonónico encarnado en el Romanticismo y el Realismo.
Junto a ensayistas e intelectuales como José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Manuel Azaña, Eugenio D’Ors (quien acuñará, en catalán, en término "noucentisme"), encontramos a novelistas como Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala, Wenceslao Fernández Flórez y a un poeta inclasificable: Juan Ramón Jiménez.
Características peculiares de este movimiento son el intelectualismo (rechazo del sentimiento en el arte; debe deshumanizarse, esto es, quitar lo anecdótico e individual para llegar a la esencia de las cosas. Es el arte puro del que habla Ortega y Gasset en “La deshumanización del arte” o la poesía pura de Juan Ramón Jiménez), europeísmo (España debe modernizarse mirando serenamente a Europa, rechazando el casticismo dramático de los noventayochista), presencia en la vida cultural y política (las élites minoritarias pero bien preparadas deben orientar la marcha de la sociedad), cosmopolitismo (preferencia por la cultura urbana universalista), esteticismo y formalismo (búsqueda de la belleza e interés por la obra bien hecha).
Con estos presupuestos, practican una literatura orientada a la serenidad clásica, con un lenguaje depurado y selectivo y un público minoritario. Se inclinan preferentemente por el ensayo, la prosa poética y la poesía.
En 1923 Ortega y Gasset funda la Revista de Occidente, una publicación que pretende ser de la vanguardia del pensamiento cultural y literario renovador del momento. Autor de “La deshumanización del arte” donde expondrá las teorías estéticas que servirán también como base a las vanguardias en España, y “La rebelión de las masas”.
La novela novecentista lleva a cabo una renovación basada en la fusión de lo narrativo y lo ensayístico, la originalidad en el tratamiento de las estructuras y el lenguaje y la preferencia por la vida urbana y moderna. Destacan la novela intelectual y crítica de Ramón Pérez de Ayala que, como en Belarmino y Apolonio, practica el perspectivismo, la ironía y técnicas narrativas innovadoras cercanas a la vanguardia. La novela lírica, con una prosa artística llena de sugerencias y sensaciones, de Gabriel Miró (Nuestro padre San Daniel y, su continuación, El obispo leproso) con descripciones delicadas a las que se subordina la trama en la línea de Azorín; no importa el argumento, sino las sensaciones. Por otra parte, encontramos en Wenceslao Fernández Flórez una novela humorística, casi esperpéntica en El hombre que compró un automóvil, crítica y pesimista en Volvoreta y lírica y legendaria, cercana al futuro realismo mágico en su mejor obra, El bosque animado.
En la poesía inician el camino hacia una poesía pura, desprovista de anécdota y de sentimentalismo y centrada en la perfección formal. Merece citarse a León Felipe (Versos y oraciones de caminante), de un estilo cercano a Walt Whitman, y a la gran figura Juan Ramón Jiménez (1881-1958), premio Nobel de literatura, quien plantea su poesía como una búsqueda de belleza y de eternidad. Él mismo distingue en su obra tres grandes etapas:
– Etapa sensitiva (hasta 1915). Pasa del postromanticismo becqueriano, intimista y simbolista (Arias tristes, 1903) a un modernismo más sensorial (La soledad sonora, 1911). Los temas son la naturaleza, la soledad, la muerte, siempre con un tono de melancolía.
– Etapa intelectual (1916-1936). Su poesía reduce la adjetivación y las alusiones sensoriales, para volverse más breve y conceptual, en un intento de encontrar la esencia, el dios primordial que están en todo. Se abre con Diario de un poeta recién casado (1916) y se cierra con La estación total.
– Etapa suficiente (1936-1958). Canta en tono gozoso la identificación de la palabra poética con la divinidad que, al modo panteísta, se encuentra en todo lo creado. Destaca Dios deseado y deseante (1948-1949).
El escritor Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) es el eslabón entre el Novecentismo y los movimientos de vanguardia, que introduce en España con su traducción, en 1909, del Manifiesto futurista de Marinetti. Además de escribir peculiares novelas, ensayos y obras teatrales, destaca por sus greguerías, piezas breves mezcla de humor y metáfora. En ellas muestra perspectivas inéditas de la realidad, buscando la sorpresa y acercándose al absurdo. Dos ejemplos: "Las gaviotas nacieron de los pañuelos que dicen adiós en los puertos" o "Las sillas aprovechan la oscuridad para echar la zancadilla a sus propietarios".
Las Vanguardias en España
Las Vanguardias europeas del período de entreguerras (Futurismo, Expresionismo, Cubismo, Dadaísmo, Surrealismo) llegaron a España con su afán de romper con las tradiciones. Tras una primera fase optimista y marcada por la deshumanización del arte, en la que triunfan el Ultraísmo y el Creacionismo (1918-1925), se pasa por una rehumanización (vuelta a la expresión de contenidos humanos, en este caso oníricos y del subconsciente) marcada por el Surrealismo (1925-1930). Después, las urgencias políticas de los años 30 harán que las Vanguardias en España se vayan diluyendo.
El Ultraísmo y el Creacionismo se manifestaron sobre todo en tertulias y revistas. El primero pretendía eliminar de la poesía los sentimientos y la lógica, y presentar los signos del mundo moderno mediante una yuxtaposición de imágenes sorprendentes, eliminando los signos de puntuación y llegando, en ocasiones, al caligrama. Su principal impulsor y figura fue Guillermo de la Torre, autor del libro Hélices (1923).
El Creacionismo, introducido en España por el poeta chileno Vicente Huidobro, usa procedimientos similares, con la idea de que el poema debe ser “intraducible a la prosa” y debe juntar palabras que nunca antes hayan coincidido. Influyó fuertemente en un poeta del 27, Gerardo Diego.
Más tarde se introdujo el Surrealismo, con su idea de hacer aflorar, mediante imágenes irracionales, el mundo del subconsciente. El Surrealismo en España fue menos radical que el francés, y supuso una reacción frente a la poesía pura de Juan Ramón. Influyó en poetas del 27 como Lorca, Alberti, Cernuda y, sobre todo, en Vicente Aleixandre.


SELECCIÓN DE LECTURAS PARA JÓVENES
Las Greguerías de Gómez de la Serna
– Poesía: una selección poética de Versos y oraciones de caminante: de León Felipe (Como tú, ¡Qué lástima!, Romero solo, Vencidos, Ahora de pueblo en pueblo, etc.) y Juan Ramón Jiménez (poema 5 de Eternidades, El viaje definitivo, Intelijencia, La carbonerilla quemada, El mar lejano, etc.).
– Novela: El bosque animado (Wenceslao Fernández Flórez)

 

 

10. Generación del 27

 

INTRODUCCIÓN
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11. Teatro anterior a 1936

 

INTRODUCCIÓN
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12. Literatura española desde 1939

 

PRIMERA ETAPA: LA POSGUERRA.Tras la guerra, el país, destrozado, intentará recuperarse. En los primeros años camina entre literatura conformista o arraigada y la literatura del malestar o desarraigada en la que domina el interés por problemas existenciales y los tonos religiosos. Hay una búsqueda de nuevos caminos, de renovación por los que discurra la literatura, expresión del sentimiento humano. A su vez, encontramos un gran número de escritores en el exilio cuyo rasgo común es la añoranza de España.

En la novela hay dos hitos que marcan dos estilos:
– La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, novela tremendista que expresa la violencia, crueldad y sinsentido de la vida humana.
– Nada (1945), de Carmen Laforet, novela existencial, relato con rasgos autobiográficos de la frustración de una joven universitaria que se traslada a estudia a Barcelona.
Es la primera vez que se escribe sobre la realidad cotidiana tras la guerra civil. También destaca Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada.
En exilio destacan Ramón J. Sender, con Réquiem por un campesino español, Rosa Chacel, Francisco Ayala y Max Aub.
En la novela conformista encontramos dos variantes: de carácter propagandístico o triunfalista, como Madrid, de corte a checa de Agustín de Foxá o de carácter humorístico o fantasía, como El bosque animado de W. Fernández Flórez.

En cuanto a la poesía, encontramos:
– el grupo de los exiliados (Alberti, Salinas, Guillén, JR Jiménez…) que cada uno seguirá su propio itinerario, quizás lo común sea la nostalgia de la patria perdida y cierto pesimismo existencialista.
– Miguel Hernández, poeta atrapado por la guerra, encarcelado en Alicante, que evoluciona desde una poesía pura y neogongorismo hacia una poesía más comprometida que profundiza en temas como la muerte, libertad, amor…
– Poesía arraigada (revistas Escorial y Garcilaso), proponen una vuelta al clasicismo de gusto garcilasista y renacentista, recuperación del soneto, cierto retoricismo, etc. Luis Rosales (La casa encendida), Leopoldo Panero.
– Poesía desarraigada (revista Espadaña), en la que influyen dos obras de 1944: Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del Paraíso de Vicente Aleixandre. Refleja una visión frustrada y angustiada de la vida. Destacan Blas de Otero (Ancia), Gabriel Celaya y Carlos Bousoño.

En el teatro permanece la inocente comedia burguesa de corte benaventina (Jacinto Benavente y José María Pemán) y el desarrollo del teatro de humor con Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa).
En 1949 estrena Antonio Buero Vallejo la obra Historia de una escalera que inicia un teatro realista preocupado por los graves problemas humanos que ya será de corte existencialista en Escuadrón hacia la muerte de Alfonso Sastre.

SEGUNDA ETAPA: LOS AÑOS DEL REALISMO SOCIAL.
Hacia 1955, muchos escritores parecen haber encontrado un camino en el realismo social. Tales obras tienen en común el testimonio de realidades sociales concretas (vida en la ciudad, la dureza del campo, el éxodo rural y los suburbios, los conflictos laborales…). Ahora, el escritor piensa que debe contribuir con sus obras a transformar la sociedad, denunciando las injusticias. Y le importan menos las metas estéticas: opta por un lenguaje sencillo, capaz de llegar a «la inmensa mayoría». Pero esta vía se acaba pronto porque el mundo no se puede transformar sólo con libros que, además, lee una minoría. Enseguida se buscarán nuevos caminos.

En la novela, el realismo social lo abre Cela con La colmena (donde imita el estilo de norteamericano John Dos Passos en Manhattan Transfer), El jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, Dos días de septiembre de Caballero Bonald, Entre visillos de Carmen Martín Gaite y El camino de Delibes.

La poesía comprometida y social pretende reflejar solidaria y críticamente la verdadera realidad del ser humano, cambiar la sociedad y denunciar las injusticias. En Pido la paz y la palabra de Blas de Otero, Cantos iberos de Gabriel Celaya y Cuanto sé de mí de José Hierro, en las que superan su angustia existencial y se abren a los sufrimientos de los demás.
Pero pronto este tipo de poesía se empobrece y surge a finales de los 50 un nuevo grupo poético que, sin renunciar al compromiso social, se hace más intimista, se vuelca hacia el conocimiento del hombre y del mundo («poesía de la experiencia») desde la ironía y cierto escepticismo. Los autores más destacados son: Ángel González (Tratado de Urbanismo), Gil de Biedma (Poemas póstumos), Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad), Félix Grande (Blanco Spirituals), J. A. Goytisolo, Valente, Carlos Barral.

Sigue triunfando el teatro comercial, pero junto a ella surge un teatro social de la mano de Buero Vallejo y Alfonso Sastre iniciado unos años antes y que siguen con obras como Hoy es fiesta y La mordaza, respectivamente. Como nuevos valores destacan Lauro Olmo y José María Recuerda.

TERCERA ETAPA: HACIA UNA LITERATURA EXPERIMENTAL.

En 1962 se publica Tiempo de silencio, novela experimental de Luis Martín Santos, que dará el pistoletazo de salida una nueva forma renovadora de creación literaria, compatible con la denuncia social. En los años siguientes crecerá el despego del realismo, presidido por nuevas influencias europeas (Proust, Kafka, Joyce) y estadounidenses (Faulkner, Steinbeck, Dos Passos, Hemingway). Decisiva es la irrupción el «boom» de la nueva novela hispanoamericana (García Márquez –Cien años de soledad–, Vargas Llosa –La ciudad y los perros–, Cortázar, Borges, Rulfo), que ofreció nuevos modelos de inventiva y de lenguaje.
Hacia 1970, se observan en todos los géneros tendencias «novísimas», caracterizadas por la experimentación de las formas en todos los aspectos. Los contenidos, y en especial los sociales, importarán menos.
En la novela, además de la citada, tenemos Cinco horas con Mario de Delibes, La saga/fuga de J.B. de Torrente Ballester, San Camilo 1936 de Cela, Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, Señas de identidad de Juan Goytisolo. No abandona la reflexión crítica sobre la sociedad española, pero su presentación formal es radicalmente novedosa. Utiliza un léxico riquísimo, lleno de invenciones y expresividad, y crea estructuras narrativas complejas como el cambio de narrador, el multiperspectivismo, extensos monólogos interiores, saltos temporales, etc.

En 1970 el crítico J. Mª Castellet publica la antología Nueve novísimos poetas españoles. De este título se cogió el término «novísimos» para referirse a un joven grupo de poetas que no vivieron la guerra y crecen en una España más abierta social y culturalmente. Influidos por poetas extranjeros, poetas del 27 (Aleixandre y Cernuda) e hispanoamericanos (Octavio Paz y César Vallejo). Caracterizados por un estilo ecléctico en el que mezclan temas y técnicas, de tono escéptico, inconformista, cuidado por la estética (venecianismo), por los aspectos formales (esteticismo), gusto por el experimentalismo y el vanguardismo (escritura automática, surrealismo), preocupación por el lenguaje. Destacan autores como Pere Gimferrer (Arde el mar), Colinas (Sepulcro en Tarquinia), Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Leopoldo Mª Panero, Félix de Azúa, Guillermo Carnero.

El teatro renovador surge en torno al año 1965 en el que los autores españoles abandonan el realismo y comienzan a aplicar en sus obras las tendencias vanguardistas europeas y americanas que se venían desarrollando durante este siglo. Buscan nuevas fórmulas y técnicas como el teatro épico al estilo de Bertolt Brecht, teatro underground, teatro del absurdo, etc. Aparecen autores individuales como Fernando Arrabal (con su teatro pánico, provocador y rebelde: El cementerio de automóviles o Pic-nic) y Francisco Nieva (teatro furioso, de farsa y calamidad: La señora Tártara). Surgen los grupos de teatro independiente con una clara intención renovadora (Els Joglars, Tábano, Los Goliardos, Teatro Experimental Independiente...).
CUARTA ETAPA: DE 1975 A NUESTROS DÍAS

A partir de 1975, y sobre todo en los años 80, parece advertirse una moderación de los experimentos y ya está, en ciertos casos, un retorno a las formas tradicionales (aunque se prolongue formas vanguardistas). También se aprecia un nuevo interés por los contenidos humanos, existenciales. En cualquier caso, hay menos consignas artísticas y las orientaciones de los jóvenes escritores son muy diversas.

En la novela se encuentra principalmente el afán con contar historias a la vieja usanza (interés por el argumento, los contenidos sociales, históricos y políticos, la descripción de ambientes), con leves toques experimentales, y se prodigan los subgéneros narrativos (novela policiaca, histórica, fantástica, negra, de aventuras, etc.). Abre esta etapa La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza (un equilibrio entre novela experimental y policiaca), autor también de La ciudad de los prodigios (una especie de historia novelada). Novelas de subgénero policiaco encontramos en autores como Manuel Vázquez Montalbán (Los mares del sur), Lorenzo Silva (El alquimista impaciente), Antonio Muñoz Molina (El invierno en Lisboa, Plenilunio). Novelas subgénero histórico y de evasión: Arturo Pérez Reverte (El capitán Alatriste, La carta esférica), Matilde Asensi, Terenci Moix, Félix de Azúa, Javier Cercas (Soldados de Salamina). Novela testimonial y existencial: Luis Landero (Juegos de la edad tardía), Ignacio Martínez de Pisón (Carreteras secundarias), Javier Marías, Juan José Millás, Manuel Vicent, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Mercedes Salisach, etc.

Aunque hay numerosas tendencias poéticas, en general se observa un cierto cansancio de los excesos culturalistas y experimentales de los novísimos y la búsqueda de una poesía más personal e intimista. Las tendencias y autores más importantes son: continuación del vanguardismo y experimentalismo: Ullán; refinamiento decadentista (venecianismo): Pere Gimferrer; clasicismo: Luis Alberto de Cuenca; barroquismo: Antonio Carvajal; neosurrealismo: Blanca Andreu; poesía del silencio o minimalista: Sánchez Robayna; nuevo sentimentalismo: Luis García Montero; nueva épica: Martínez Mesanza, Llamazares…

En el teatro desde 1975 nos encontramos, en contra de lo que se podría pensar con la llegada de la libertad, un paulatino alejamiento de público. Se repusieron obras de autores consagrados y la de autores silenciados en épocas pasadas, pero la reacción del público fue muy fría. Como reacción se produjo un regreso a un teatro neorrealista, más convencional y accesible entre los que destacan Antonio Gala (Anillos para una dama), Fernando Fernán Gómez (Las bicicletas son para el verano), José Luis Alonso de Santos (La estanquera de Vallecas o Bajarse al moro), José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!). También encontramos un teatro comercial, heredero de la comedia burguesa (Alfonso Paso o Jaime de Armiñán), un teatro de compañías institucionales, como el Centro Dramático Nacional o la Compañía de Teatro Clásico que contribuyen a difundir el patrimonio teatral histórico. Y un teatro de humor, nuevos autores, teatro musical y abundantes grupos teatrales pequeños que se van abriendo paso en pequeñas salas.

 

 



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