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Religión |
Dios "es"
Antonio Orozco
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¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
Estos famosísimos versos expresan una experiencia
cotidiana: el influjo de los sentimientos sobre el pensar. A la vez constituyen
un toque de atención, una llamada a desconfiar del sentimiento como fuente de
conocimiento cierto.
Es claro que la existencia de Dios, la fe, la esperanza,
la verdad en una palabra, no dependen de la mirada de unos bellos ojos ni
tampoco de una coz de algún eventual salvaje iracundo. La verdad se manifiesta
a un entendimiento despierto, libre de pasiones y amueblado por la lógica
racional, es decir, educado para el ejercicio de la razón, de acuerdo con las
reglas que le son propias. TESTIMONIO DE
Sab 13, 1: "Vanos son por naturaleza todos los
hombres que carecen del conocimiento de Dios, y por los bienes que disfrutan no
alcanzan a conocer al que es fuente de ellos y por la consideración de las
obras no conocieron al Artífice"
El libro de
Esto es lo que el Apóstol San Pablo recordaba a los Romanos,
al mostrarles la causa de la corrupción en la que se hallaba inmersa la
sociedad de su tiempo (tan semejante, en esto, a la nuestra) : "La cólera
de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres
que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer,
está en ellos manifiesto. Dios se lo manifestó. Porque las perfecciones
invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles
después de la creación del mundo por el conocimiento que de ellas nos dan las
criaturas, de forma que son inexcusables... "(Rom 1, 19 ss)
San Pablo supone que si no se "ve" lo
"invisible" de Dios en las cosas "visibles", no es porque
se carezca de capacidad para verlas, sino porque se ha "ofuscado" la
mente mediante "vanos razonamientos" que encuentran su raíz en un
"corazón rebelde".
«Pregunta a las bestias y te instruirán, a las aves del
cielo y te informarán, a los reptiles del suelo y te darán lecciones, te lo
contarán los peces del mar: con tantos maestros, ¿quién no sabe que la mano de
Dios lo ha hecho todo? En su mano está el alma de los vivientes y el espíritu
del hombre de carne" (Job 12, 7-8).
Is 1, 3-4: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de
su amo, pero mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo
cargado de iniquidad, raza malvada, hijos desnaturalizados! Se han apartado del
Señor, le han vuelto las espaldas!"
¡Todas las cosas hablan de Dios!
«Los cielos cantan la gloria de Dios, el firmamento
anuncia la obra de sus Manos; el día al día comunica su mensaje y la noche a la
noche transmite la noticia.... Por toda la tierra se ha difundido su voz y
hasta los confines de la tierra sus palabras» (Sal 19, 3-5).
NECEDAD
Es tan clara la presencia de Dios en la creación que el
Salmista, inspirado por el Espíritu Santo, afirma que es "es necio"
quien dice "en su corazón, no existe Dios" (Sal 13(14), 1)
Con frecuencia, la "necedad" se manifiesta en la
pretensión de aquel personaje de Steinbeck en El Valle largo: "necesitaba
ver las cosas con tanta claridad que acababa oscureciéndolas por completo, como
un negativo expuesto al sol". Es obvio que no se puede "ver"
a Dios con los ojos de la cara, mientras andamos por este mundo, pero sí
podemos y debemos entender que Dios es; que sólo El puede ser origen causal de
las maravillas que vemos.
"¡Qué desatino! Como barro que se considerase
igual al alfarero; como una obra que dijera del que la hizo: «no me has hecho»;
como cacharro que dijera de su alfarero «este no sabe nada» (Is 29,15). GÉNESIS DEL ATEISMO
En rigor, no hay dificultades objetivas que impidan a la
inteligencia humana el reconocimiento de Dios. El ateísmo no es consecuencia de
un grave "problema intelectual". Un famoso ateo - Jean Paul Sartre-
en una de sus obras - Les mots -, cuando describe el ambiente familiar
de su infancia confiesa: "yo no he llegado a la incredulidad por un
conflicto de dogmas, sino por la indiferencia de mi familia".
A veces, en la génesis del ateísmo pueden tener culpa no
pequeña algunos creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación
religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los
defectos de la vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado
el genuino rostro de Dios y de la religión. Sin embargo, no por eso queda
justificado el ateísmo, pues negar a Dios por el comportamiento de algunos
creyentes es tan gratuito como negar que los médicos curen, o que existan
medicinas; o como negar el valor de los derechos humanos por el hecho de que su
vigencia no impida todo delito ni que su declaración sea insuficiente para
implantar la justicia en todo el mundo.
Lo cierto es que el ateísmo nunca ha sido un fenómeno
originario. En general, tanto en las personas singulares, como en la vida de
las diversas sociedades y culturas, aparece en épocas de crisis, en tiempos de
decadencia, con el afán de justificar conductas en contraste con lo que dicta
la recta razón. Así han surgido falsas filosofías e hipótesis seudocientíficas
que han echado mucho humo sobre la naturalidad con que brota del espíritu
humano el anhelo de Dios. La pretensión de la etnología materialista y
evolucionista de poner al principio de la historia un hombre sin religión, o
politeísta o fetichista, ha sido desmentida por los hechos.
Lo natural es que el hombre al despertar al uso de razón,
se asombre ante la maravilla del universo, la grandeza, armonía, orden y
perfección de sus leyes y estructuras y también ante la fuerza impresionante de
la naturaleza. Natural es concluir que el COSMOS (la palabra "COSMOS"
significa "orden" ) supone una perfectísima inteligencia ordenadora
de un Ser extra-cósmico, superior a todo cuanto vemos, Principio y Fin del
universo.
Los antiguos Padres de
Los antiguos se admiraban sobre todo de la grandeza del
universo, así como del impresionante aspecto y poder del rayo y demás fuerzas
naturales. Se daban cuenta de que encerraba un misterio que habla de la
existencia de un Ser misterioso, pero real, el Sumo Hacedor, autor magnífico de
la causa de sus asombros. FACILIDAD ACTUAL PARA EL CONOCIMIENTO
DE DIOS
Corren los siglos y llega un tiempo en que las ciencias
naturales y la técnica se disparan en un progreso también admirable. Cosas que
a los antiguos les parecían sobrenaturales, sustraídas a las leyes de este
mundo, hoy nos parecen "lo más natural"; ya no parece necesario un
ser "extracósmico", "trascendente" (más allá del mundo)
para explicarlas: nos basta el conocimiento de las leyes o fuerzas
"inmanentes" (que se hallan en nuestro mismo mundo). Así por ejemplo,
el esplendor y capacidad destructora del rayo se explica por la convergencia de
fenómenos naturales muy conocidos. Siempre se encuentra - se espera encontrar -
una ley natural que explique lo que teníamos por "misterioso" o
"sobrenatural". Ahora bien, ¿es justo esperar que las ciencias de la
naturaleza disipen todo misterio?
La respuesta es negativa, al menos por dos razones:
1) Las ciencias no hacen sino desplazar el misterio. Cada
vez que disipan un enigma, abren simultáneamente un montón de nuevos
interrogantes. Pero acontece algo más:
2) Aún en la hipótesis de que pudiésemos dar explicación
natural a cuanto sucede ante nuestra observación, conociendo muy bien todas las
Leyes del cosmos, quedaría todavía por esclarecer el Origen de ese tejido
espléndido de Leyes y fuerzas naturales. En efecto: toda hipótesis científica
sobre el origen del mundo, como (por ejemplo) la de un átomo primitivo de donde
se derivara el conjunto del universo físico, deja abierto el problema
concerniente al comienzo del universo. ¿Ha surgido de la nada, del azar, o ha
existido siempre?
De la nada, nada puede proceder, porque nada es. El azar,
o no es nada o indica una causa desconocida: desconocida, pero causa. Por
tanto, decir "el azar" no resuelve nada, deja abierto el problema,
hay que seguir indagando.
¿Habrá existido siempre el universo? Los científicos se
inclinan cada vez más a la hipótesis de un origen temporal. Pero no es absurdo
pensar que haya podido existir siempre. Lo absurdo es pensar que se explique a
sí mismo. Además, la existencia del Ser que es por sí mismo es requerido no sólo para la explicación del origen del universo en su primer momento de existencia, sino para la conservación del mismo en cada instante, también el presente. En otro momento afrontaremos esta cuestión. |