 el mandato que he recibido de mi Padre.

[19] Se produjo de nuevo una disensión entre los judíos a causa de estas palabras.

[20] Muchos de ellos decían: -Está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis?

[21] Otros decían: -Cosas así no las dice uno que está endemoniado. ¿Es que puede un demonio abrir los ojos de los ciegos?

[22] Se celebraba por aquel tiempo en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno.

[23] Paseaba Jesús por el Templo, en el pórtico de Salomón.

[24] Entonces le rodearon los judíos y comenzaron a decirle: -¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente.

[25] Les respondió Jesús: -Os lo he dicho y no lo creéis; las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí.

[26] Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.

[27] Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen.

[28] Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi mano.

[29] Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

[30] Yo y el Padre somos uno.

[31] Los judíos recogieron otra vez piedras para lapidarle.

[32] Jesús les replicó: -Os he mostrado muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas queréis lapidarme?

[33] -No queremos lapidarte por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios -le respondieron los judíos.

[34] Jesús les contestó: -¿No está escrito en vuestra Ley: "Yo dije: «Sois dioses»"?

[35] Si llamó dioses a quienes se dirigió la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar,

[36] ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, decís vosotros que blasfema porque dije que soy Hijo de Dios?

[37] Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis;

[38] pero si las hago, creed en las obras, aunque no me creáis a mí, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.

[39] Intentaban entonces prenderlo otra vez, pero se escapó de sus manos.

[40] Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y allí se quedó.

[41] Y muchos acudieron a él y decían: -Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que Juan dijo de él era verdad.

[42] Y muchos allí creyeron en él.

Cap.11

[1] Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta.

[2] María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había caído enfermo.

[3] Entonces las hermanas le enviaron este recado: -Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo.

[4] Al oírlo, dijo Jesús: -Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.

[5] Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.

[6] Aun cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el mismo lugar.

[7] Luego, después de esto, les dijo a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea.

[8] Le dijeron los discípulos: -Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lap