 luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que las tinieblas no os sorprendan; porque el que camina en tinieblas no sabe adónde va.

[36] Mientras tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de la luz. Jesús les dijo estas cosas, y se marchó y se ocultó de ellos.

[37] Aunque había hecho Jesús tantos signos delante de ellos, no creían en él,

[38] de modo que se cumplieran las palabras que dijo el profeta Isaías: "Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?", "y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido revelado?"

[39] Por eso no podían creer, porque también dijo Isaías:

[40] "Les ha cegado los ojos" "y les ha endurecido el corazón" "de modo que no vean con los ojos" "ni entiendan con el corazón ni se conviertan", "y yo los sane".

[41] Isaías dijo esto cuando vio su gloria y habló sobre él.

[42] Sin embargo, creyeron en él incluso muchos de los judíos principales, pero no le confesaban a causa de los fariseos, para no ser expulsados de la sinagoga,

[43] porque amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

[44] Jesús clamó y dijo: -El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado;

[45] y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado.

[46] Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas.

[47] Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

[48] Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día.

[49] Porque yo no he hablado por mí mismo, sino que el Padre que me envió, Él me ha ordenado lo que tengo que decir y hablar.

[50] Y sé que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo.

Cap.13

[1] La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

[2] Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara,

[3] como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,

[4] se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura.

[5] Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto a la cintura.

[6] Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: -Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies?

[7] -Lo que yo hago no lo entiendes ahora -respondió Jesús-. Lo comprenderás después.

[8] Le dijo Pedro: -No me lavarás los pies jamás. -Si no te lavo, no tendrás parte conmigo -le respondió Jesús.

[9] Simón Pedro le replicó: -Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

[10] Jesús le dijo: -El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, porque todo él está limp