[18] Lo mismo que Tú me enviaste al mundo, así los he enviado yo al mundo.

[19] Por ellos yo me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad.

[20] »No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por su palabra:

[21] que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado.

[22] Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno.

[23] Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí.

[24] Padre, quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que Tú me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo.

[25] Padre justo, el mundo no te conoció; pero yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste.

[26] Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos y yo en ellos.

Cap.18

[1] Cuando acabó de hablar, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el que entraron él y sus discípulos.

[2] Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos.

[3] Entonces Judas, se llevó con él a la cohorte y a los servidores de los príncipes de los sacerdotes y de los fariseos, y llegaron allí con linternas, antorchas y armas.

[4] Jesús, que sabía todo lo que le iba a ocurrir, se adelantó y les dijo: -¿A quién buscáis?

[5] -A Jesús el Nazareno -le respondieron. Jesús les contestó: -Yo soy. Judas, el que le iba a entregar, estaba con ellos.

[6] Cuando les dijo: «Yo soy», se echaron hacia atrás y cayeron en tierra.

[7] Les preguntó de nuevo: -¿A quién buscáis? -A Jesús el Nazareno -respondieron ellos.

[8] Jesús contestó: -Os he dicho que yo soy; si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.

[9] Así se cumplió la palabra que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».

[10] Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó, hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El criado se llamaba Malco.

[11] Jesús le dijo a Pedro: -Envaina tu espada. ¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?

[12] Entonces la cohorte, el tribuno y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y le ataron.

[13] Y le condujeron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, el sumo sacerdote aquel año.

[14] Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Conviene que un hombre muera por el pueblo».

[15] Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote.

[16] Pedro, sin embargo, estaba fuera, en la puerta. Salió entonces el otro discípulo que era conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e introdujo a Pedro.

[17] La muchacha portera le dijo a Pedro: -¿No eres también tú de los d