dio Jacob a su hijo José.

[6] Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del viaje, se había sentado en el pozo. Era más o menos la hora sexta.

[7] Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: -Dame de beber

[8] -sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos.

[9] Entonces le dijo la mujer samaritana: -¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? -porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

[10] Jesús le respondió: -Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva.

[11] La mujer le dijo: -Señor, no tienes nada con qué sacar agua, y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva?

[12] ¿O es que eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

[13] -Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo -respondió Jesús-,

[14] pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna.

[15] -Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla -le dijo la mujer.

[16] Él le contestó: -Anda, llama a tu marido y vuelve aquí.

[17] -No tengo marido -le respondió la mujer. Jesús le contestó: -Bien has dicho: «No tengo marido»,

[18] porque has tenido cinco y el que tienes ahora no es tu marido; en esto has dicho la verdad.

[19] -Señor, veo que tú eres un profeta -le dijo la mujer-.

[20] Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén.

[21] Le respondió Jesús: -Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

[22] Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos.

[23] Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca.

[24] Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad.

[25] -Sé que el Mesías, el llamado Cristo, va a venir -le dijo la mujer-. Cuando él venga nos anunciará todas las cosas.

[26] Le respondió Jesús: -Yo soy, el que habla contigo.

[27] A continuación llegaron sus discípulos, y se sorprendieron de que estuviera hablando con una mujer. Pero ninguno le preguntó: «¿Qué buscas?», o «¿de qué hablas con ella?»

[28] La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y le dijo a la gente:

[29] -Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será él el Cristo?

[30] Salieron de la ciudad y fueron adonde él estaba.

[31] Entretanto los discípulos le rogaban diciendo: -Rabbí, come.

[32] Pero él les dijo: -Para comer yo tengo un alimento que vosotros no conocéis.

[33] Decían los discípulos entre sí: -¿Pero es que le ha traído alguien de comer?

[34] Jesús les dijo: -Mi alimen