to es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.

[35] ¿No decís vosotros que faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: levantad los ojos y mirad los campos que están dorados para la siega;

[36] el segador recibe ya su jornal y recoge el fruto para la vida eterna, para que se gocen juntos el que siembra y el que siega.

[37] Pues en esto es verdadero el refrán de que uno es el que siembra y otro el que siega.

[38] Yo os envié a segar lo que vosotros no habéis trabajado; otros trabajaron y vosotros os habéis aprovechado de su esfuerzo.

[39] Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

[40] Así que, cuando los samaritanos llegaron adonde él estaba, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

[41] Entonces creyeron en él muchos más por su predicación.

[42] Y le decían a la mujer: -Ya no creemos por tu palabra; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo.

[43] Dos días después marchó de allí hacia Galilea.

[44] Pues Jesús mismo había dado testimonio de que un profeta no es honrado en su propia tierra.

[45] Cuando vino a Galilea, le recibieron los galileos porque habían visto todo cuanto hizo en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

[46] Entonces vino de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún,

[47] el cual, al oír que Jesús venía de Judea hacia Galilea, se le acercó para rogarle que bajase y curara a su hijo, porque estaba a punto de morir.

[48] Jesús le dijo: -Si no veis signos y prodigios, no creéis.

[49] Le respondió el funcionario real: -Señor, baja antes de que se muera mi hijo.

[50] Jesús le contestó: -Vete, tu hijo está vivo. Aquel hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se marchó.

[51] Mientras bajaba, sus siervos le salieron al encuentro diciendo que su hijo estaba vivo.

[52] Les preguntó la hora en que empezó a mejorar. Le respondieron: -Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.

[53] Entonces el padre cayó en la cuenta de que precisamente en aquella hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su casa.

[54] Este segundo signo lo hizo Jesús cuando vino de Judea a Galilea.

Cap.5

[1] Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

[2] Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos,

[3] bajo los que yacía una muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.

[5] Estaba allí un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años.

[6] Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: -¿Quieres curarte?

[7] El enfermo le contestó: -Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy, baja otro antes que yo.

[8] Le dijo