 Jesús: -Levántate, toma tu camilla y ponte a andar.

[9] Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado.

[10] Entonces le dijeron los judíos al que había sido curado: -Es sábado y no te es lícito llevar la camilla.

[11] Él les respondió: -El que me ha curado es el que me dijo: «Toma tu camilla y anda».

[12] Le interrogaron: -¿Quién es el hombre que te dijo: «Toma tu camilla y anda?»

[13] El que había sido curado no sabía quién era, pues Jesús se había apartado de la muchedumbre allí congregada.

[14] Después de esto lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: -Mira, estás curado; no peques más para que no te ocurra algo peor.

[15] Se marchó aquel hombre y les dijo a los judíos que era Jesús el que le había curado.

[16] Por eso perseguían los judíos a Jesús, porque había hecho esto un sábado.

[17] Jesús les replicó: -Mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo.

[18] Por esto los judíos con más ahínco intentaban matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

[19] Respondió Jesús y les dijo: -En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que Él hace, eso lo hace del mismo modo el Hijo.

[20] Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que éstas para que vosotros os maravilléis.

[21] Pues así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida a quienes quiere.

[22] El Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio lo ha dado al Hijo,

[23] para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le ha enviado.

[24] »En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me envió tiene vida eterna, y no viene a juicio sino que de la muerte pasa a la vida.

[25] En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan vivirán,

[26] pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo.

[27] Y le dio la potestad de juzgar, ya que es el Hijo del Hombre.

[28] No os maravilléis de esto, porque viene la hora en la que todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

[29] y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida; y los que practicaron el mal, para la resurrección del juicio.

[30] Yo no puedo hacer nada por mí mismo: según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió.

[31] »Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería verdadero.

[32] Otro es el que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.

[33] Vosotros habéis enviado mensajeros a Juan y él ha dado testimonio de la verdad.

[34] Pero yo no recibo el testimonio de hombre, sino que os digo esto para que os salvéis.

[35] Aquél era la antorcha qu