 malo: porque de la abundancia del corazón habla su boca.

[46] »¿Por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?

[47] Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os diré a quién se parece.

[48] Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó muy hondo y puso los cimientos sobre la roca. Al venir una inundación, el río rompió contra aquella casa, y no pudo derribarla porque estaba bien edificada.

[49] »El que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos; rompió contra ella el río y enseguida se derrumbó, y fue tremenda la ruina de aquella casa.

Cap.7

[1] Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún.

[2] Había allí un centurión que tenía un siervo enfermo, a punto de morir, a quien estimaba mucho.

[3] Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su siervo.

[4] Ellos, al llegar donde Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: -Merece que hagas esto,

[5] porque aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido la sinagoga.

[6] Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: -Señor, no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa,

[7] por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de ir a tu encuentro. Pero dilo de palabra y mi criado quedará sano.

[8] Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados a mis órdenes. Le digo a uno: «Vete», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace.

[9] Al oír esto, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: -Os digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.

[10] Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

[11] Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre.

[12] Al acercarse a la puerta de la ciudad, resultó que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad.

[13] El Señor la vio y se compadeció de ella. Y le dijo: -No llores.

[14] Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: -Muchacho, a ti te digo, levántate.

[15] Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre.

[16] Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

[17] Esta opinión sobre él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.

[18] Informaron a Juan sus discípulos de todas estas cosas.

[19] Y Juan llamó a dos de ellos, y los envió al Señor a preguntarle: -¿Eres tú el que va a venir o esperamos a otro?

[20] Cuando aquellos hombres se presentaron ante él le dijeron: -Juan el Bautista nos ha enviado a ti a preguntarte: «¿Eres tú e