uría de Salomón, y daos cuenta de que aquí hay algo más que Salomón.

[32] Los hombres de Nínive se levantarán en el Juicio contra esta generación y la condenarán: porque ellos se convirtieron ante la predicación de Jonás, y daos cuenta de que aquí hay algo más que Jonás.

[33] »Nadie que ha encendido una lámpara la pone en un sitio oculto ni debajo de un celemín, sino sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

[34] La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo también está iluminado. Pero cuando tu ojo es malicioso, también tu cuerpo queda en tinieblas.

[35] Mira, por tanto, no sea que la luz que hay en ti sea tinieblas.

[36] Y si todo tu cuerpo está iluminado, sin que haya en él parte alguna oscura, todo él estará iluminado como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor.

[37] Cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Entró y se puso a la mesa.

[38] El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida.

[39] Pero el Señor le dijo: -Así que vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad.

[40] ¡Insensatos! ¿Acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro?

[41] Dad, más bien, limosna de lo que guardáis dentro, y así todo será puro para vosotros.

[42] Pero, ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero despreciáis la justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer esto sin descuidar lo otro!

[43] »¡Ay de vosotros, fariseos, porque apetecéis los primeros asientos en las sinagogas y que os saluden en las plazas!

[44] »¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros disimulados, sobre los que pasan los hombres sin saberlo!

[45] Entonces, cierto doctor de la Ley, tomando la palabra, le replica: -Maestro, diciendo tales cosas nos ofendes también a nosotros.

[46] Pero él dijo: -¡Ay también de vosotros, los doctores de la Ley, porque imponéis a los hombres cargas insoportables, pero vosotros ni con uno de vuestros dedos las tocáis!

[47] »¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron!

[48] Así pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.

[49] Por eso dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán,

[50] para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo,

[51] desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo». Sí, os lo aseguro: se le pedirán cuentas a esta generación.

[52] »¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría! Vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

[53] Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a