a gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

[18] Y decía: -¿A qué se parece el Reino de Dios y con qué lo compararé?

[19] Es como un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo echó en su huerto, y creció y llegó a hacerse un árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

[20] Y dijo también: -¿Con qué compararé el Reino de Dios?

[21] Es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina hasta que fermentó todo.

[22] Y recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.

[23] Y uno le dijo: -Señor, ¿son pocos los que se salvan? Él les contestó:

[24] -Esforzaos para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, intentarán entrar y no podrán.

[25] Una vez que el dueño de la casa haya entrado y haya cerrado la puerta, os quedaréis fuera y empezaréis a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y os responderá: «No sé de dónde sois».

[26] Entonces empezaréis a decir: «Hemos comido y hemos bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas».

[27] Y os dirá: «No sé de dónde sois; apartaos de mí todos los servidores de la iniquidad».

[28] Allí habrá llanto y rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras que vosotros sois arrojados fuera.

[29] Y vendrán de oriente y de occidente y del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.

[30] Pues hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.

[31] En aquel momento se acercaron algunos fariseos diciéndole: -Sal y aléjate de aquí, porque Herodes te quiere matar.

[32] Y les dijo: -Id a decir a ese zorro: «Mira: expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día acabo.

[33] Pero es necesario que yo siga mi camino hoy y mañana y al día siguiente, porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén».

[34] »¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste.

[35] Mirad que" vuestra casa se os va a quedar desierta". Os aseguro que no me veréis hasta que llegue el día en que digáis: "Bendito el que viene en nombre del Señor".

Cap.14

[1] Un sábado, entró él a comer en casa de uno de los principales fariseos y ellos le estaban observando.

[2] Y resultó que delante de él había un hombre hidrópico.

[3] Y tomando la palabra, les dijo Jesús a los doctores de la Ley y a los fariseos: -¿Es lícito curar en sábado o no?

[4] Pero ellos callaron. Y tomándolo, lo curó y lo despidió.

[5] Y les dijo: -¿Quién de vosotros, si se le cae al pozo un hijo o un buey, no lo saca enseguida un día de sábado?

[6] Y no pudieron responderle a esto.

[7] Les proponía a los invitados una parábola, al notar cómo iban eligiendo los primeros puestos:

[8] -Cuando alguien te invite a una boda, no vayas a sentarte en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él

