ngo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:

[11] hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor;

[12] y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

[13] De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo:

[14] «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace».

[15] Cuando los ángeles les dejaron, marchándose hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: -Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado.

[16] Y vinieron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre.

[17] Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño.

[18] Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho.

[19] María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.

[20] Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho.

[21] Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

[22] Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,

[23] como está mandado en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor";

[24] y para presentar como ofrenda "un par de tórtolas o dos pichones", según lo mandado en la Ley del Señor.

[25] Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él.

[26] Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor.

[27] Así, vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él,

[28] lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:

[29] -Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra:

[30] porque mis ojos han visto tu salvación,

[31] la que has preparado ante la faz de todos los pueblos:

[32] luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.

[33] Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían de él.

[34] Simeón los bendijo y le dijo a María, su madre: -Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción

[35] -y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

[36] Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años de casada

[37] y había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años, sin apartarse del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día.

[38] Y llegan