a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia

[13] y le dijeron gritando: -¡Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros!

[14] Al verlos, les dijo: -Id y presentaos a los sacerdotes. Y mientras iban quedaron limpios.

[15] Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos,

[16] y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano.

[17] Ante lo cual dijo Jesús: -¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve, ¿dónde están?

[18] ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

[19] Y le dijo: -Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

[20] Interrogado por los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios, él les respondió: -El Reino de Dios no viene con espectáculo;

[21] ni se podrá decir: «Mirad, está aquí», o «está allí»; porque, daos cuenta de que el Reino de Dios está ya en medio de vosotros.

[22] Y les dijo a los discípulos: -Vendrá un tiempo en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.

[23] Entonces os dirán: «Mirad, está aquí», o «mirad, está allí». No vayáis ni corráis detrás.

[24] Porque, como el relámpago fulgurante brilla de un extremo a otro del cielo, así será en su día el Hijo del Hombre.

[25] Pero es necesario que antes padezca mucho y sea reprobado por esta generación.

[26] Y como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre.

[27] Comían y bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio e hizo perecer a todos.

[28] Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban;

[29] pero el día en que salió Lot de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y los hizo perecer a todos.

[30] Del mismo modo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre.

[31] Ese día, quien esté en el terrado y tenga sus cosas en la casa, que no baje por ellas; y lo mismo quien esté en el campo, que no vuelva atrás.

[32] Acordaos de la mujer de Lot.

[33] Quien pretenda guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará viva.

[34] Yo os digo que esa noche estarán dos en el mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado.

[35] Estarán dos moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.

[37] Y a esto le dijeron: -¿Dónde, Señor? Él les respondió: -Dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán los buitres.

Cap.18

[1] Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer,

[2] diciendo: -Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.

[3] También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: «Hazme justicia ante mi adversario».

[4] Y durante mucho tiempo no quiso. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,

[5] como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme».

[6] Concluyó el Señor: -Prestad atención a lo que