 dice el juez injusto.

[7] ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar?

[8] Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?

[9] Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás:

[10] -Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano.

[11] El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano.

[12] Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo».

[13] Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador».

[14] Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado.

[15] Le llevaban también niños para que los tomara en sus brazos. Al verlo los discípulos les reñían.

[16] Pero Jesús llamó a los niños y dijo: -Dejad que los niños vengan conmigo y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios.

[17] En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él.

[18] Cierto personaje distinguido le preguntó: -Maestro bueno, ¿qué puedo hacer para heredar la vida eterna?

[19] Le respondió Jesús: -¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios.

[20] Ya conoces los mandamientos: "no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre".

[21] -Todo esto lo he guardado desde la adolescencia -respondió él.

[22] Después de oírlo le dijo Jesús: -Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme.

[23] Pero al oír estas cosas se puso triste, porque era muy rico.

[24] Viéndole entristecerse, dijo Jesús: -¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!

[25] Porque es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.

[26] Los que escuchaban dijeron: -¿Entonces quién puede salvarse?

[27] Él respondió: -Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.

[28] Entonces dijo Pedro: -Ya ves que nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.

[29] Y Jesús les respondió: -Os aseguro que no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por causa del Reino de Dios,

[30] que no reciba mucho más en este mundo y, en el siglo venidero, la vida eterna.

[31] Tomando consigo a los doce, les dijo: -Mirad, subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que han sido escritas por medio de los Profetas acerca del Hijo del Hombre:

[32] será entregado a los gentiles y se burlarán de él, será insultado y escupido,

[33] y, 