después de azotarlo, lo matarán, y al tercer día resucitará.

[34] Pero ellos no comprendieron nada de esto: era éste un lenguaje que les resultaba incomprensible, y no entendían las cosas que decía.

[35] Cuando se acercaban a Jericó, un ciego estaba sentado al lado del camino mendigando.

[36] Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello.

[37] Le contestaron: -Es Jesús Nazareno, que pasa.

[38] Y gritó diciendo: -¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!

[39] Y los que iban delante le reprendían para que se estuviera callado. Pero él gritaba mucho más: -¡Hijo de David, ten piedad de mí!

[40] Jesús, parándose, mandó que lo trajeran ante él. Y cuando se acercó, le preguntó:

[41] -¿Qué quieres que te haga? -Señor, que vea -respondió él.

[42] Y Jesús le dijo: -Recobra la vista, tu fe te ha salvado.

[43] Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al presenciarlo, alabó a Dios.

Cap.19

[1] Entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

[2] Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico.

[3] Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura.

[4] Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí.

[5] Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: -Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa.

[6] Bajó rápido y lo recibió con alegría.

[7] Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador.

[8] Pero Zaqueo, de pie, le dijo al Señor: -Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más.

[9] Jesús le dijo: -Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán;

[10] porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

[11] Mientras estaban oyendo estas cosas, les añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría enseguida.

[12] Dijo pues: -Un hombre noble marchó a una tierra lejana a recibir la investidura real y volverse.

[13] Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: «Negociad hasta mi vuelta».

[14] Sus ciudadanos le odiaban y enviaron una embajada tras él para decir: «No queremos que éste reine sobre nosotros».

[15] Al volver, recibida ya la investidura real, mandó llamar ante sí a aquellos siervos a quienes había dado el dinero, para saber cuánto habían negociado.

[16] Vino el primero y dijo: «Señor, tu mina ha producido diez».

[17] Y le dijo: «Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades».

[18] Vino el segundo y dijo: «Señor, tu mina ha producido cinco».

[19] Le dijo a éste: «Tú ten también el mando de cinco ciudades».

[20] Vino el otro y dijo: «Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo;

[21] pues tuve miedo de ti porque eres hombre severo, recoges