caron los príncipes de los sacerdotes y los escribas con los ancianos

[2] y le dijeron: -Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado tal potestad?

[3] Les respondió: -También yo os voy a hacer una pregunta. Contestadme:

[4] el bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres?

[5] Ellos razonaban entre sí: «Si decimos que del cielo, replicará: "¿Por qué no le creísteis?".

[6] Pero si decimos que de los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan es un profeta».

[7] Y respondieron que no sabían de dónde era.

[8] Entonces Jesús les dijo: -Pues tampoco yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

[9] Comenzó a exponer al pueblo la siguiente parábola: -Un hombre "plantó una viña", la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí mucho tiempo.

[10] A su debido momento envió un siervo a los labradores, para que le dieran del fruto de la viña. Pero los labradores, después de golpearlo, lo despacharon con las manos vacías.

[11] Y volvió a enviarles otro siervo. Pero ellos lo golpearon y lo ultrajaron y lo despacharon con las manos vacías.

[12] Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos lo hirieron y lo echaron.

[13] Dijo entonces el amo de la viña: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él lo respetarán».

[14] Pero los labradores al verle comentaron entre ellos: «Éste es el heredero; lo mataremos, para que sea nuestra su heredad».

[15] Y lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el amo de la viña?

[16] Vendrá, exterminará a esos labradores y entregará la viña a otros. Al oírlo dijeron: -¡Que no pase nada de eso!

[17] Pero él, fijando en ellos su mirada, dijo: -Entonces, ¿qué significa lo que está escrito: "La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angular"?

[18] »Todo el que caiga sobre aquella piedra se despedazará, y al que le caiga encima le aplastará.

[19] Los escribas y los príncipes de los sacerdotes quisieron echarle mano en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo: comprendieron que había dicho aquella parábola por ellos.

[20] Y ellos, estando al acecho, enviaron espías que simulaban ser justos, para sorprenderle en alguna palabra, y así entregarlo a la potestad y autoridad del Procurador.

[21] Le preguntaron: -Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios según la verdad.

[22] ¿Nos es lícito dar tributo al César, o no?

[23] Pero él, percatándose de su falsedad, les dijo:

[24] -Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que tiene? -Del César -contestaron ellos.

[25] Él les dijo: -Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

[26] Y no pudieron sorprenderle en ninguna palabra ante el pueblo y, admirados de su respuesta, se callaron.

[27] Se le acercaron algunos de los saduceos -que niegan la resurrección- y le preguntaron:

[28] -Maestro, Moisés nos dejó escrito: 