ciendo: -¡Fuera con ése, y suéltanos a Barrabás!

[19] -éste había sido encarcelado por cierta sedición ocurrida en la ciudad y por un homicidio.

[20] De nuevo Pilato les habló queriendo poner en libertad a Jesús.

[21] Pero ellos continuaban gritando: -¡Crucifícalo, crucifícalo!

[22] No obstante, por tercera vez, él les dijo: -¿Y qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito de muerte; por tanto, después de castigarle, lo soltaré.

[23] Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que lo crucificaran, y sus gritos eran cada vez más fuertes.

[24] Pilato entonces decidió que se cumpliera su petición:

[25] soltó al que pedían -el que había sido encarcelado por sedición y homicidio- y a Jesús lo entregó a la voluntad de ellos.

[26] Cuando le llevaban echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús.

[27] Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que lloraban y se lamentaban por él.

[28] Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: -Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos,

[29] porque mirad que vienen días en que se dirá: «Dichosas las estériles y los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron».

[30] »Entonces comenzarán "a decir a los montes: "«"Caed sobre nosotras"»"; y a los collados: "«"Sepultadnos"»;

[31] porque si en el leño verde hacen esto, ¿qué se hará en el seco?

[32] Llevaban también con él a dos malhechores para matarlos.

[33] Cuando llegaron al lugar llamado «Calavera», le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

[34] Y Jesús decía: -Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. Y "se repartieron sus ropas echando suertes".

[35] El pueblo estaba" mirando", y los jefes "se burlaban" de él y decían: -Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si él es el Cristo de Dios, el elegido.

[36] Los soldados se burlaban también de él; se acercaban y ofreciéndole "vinagre"

[37] decían: -Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

[38] Encima de él había una inscripción: «Éste es el Rey de los judíos».

[39] Uno de los malhechores crucificados le injuriaba diciendo: -¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

[40] Pero el otro le reprendía: -¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios?

[41] Nosotros estamos aquí justamente, porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero éste no ha hecho ningún mal.

[42] Y decía: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.

[43] Y le respondió: -En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

[44] Era ya alrededor de la hora sexta. Y toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona.

[45] Se oscureció el sol, y el velo del Templo se rasgó por la mitad.

[46] Y Jesús, clamando con una gran voz, dijo: -Padre, "en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto expiró.

[47] El centurión, al ver lo que había sucedido, glorificó a Dios