 diciendo: -Verdaderamente este hombre era justo.

[48] Y toda la multitud que se había reunido ante este espectáculo, al contemplar lo ocurrido, regresaba golpeándose el pecho.

[49] Todos los conocidos de Jesús y las mujeres que le habían seguido desde Galilea estaban observando de lejos estas cosas.

[50] Había un hombre llamado José, varón bueno y justo, miembro del Consejo,

[51] que no estaba de acuerdo con su decisión y sus acciones. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.

[52] Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

[53] Y lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido colocado todavía.

[54] Era el día de la Parasceve y comenzaba a brillar el sábado.

[55] Las mujeres que habían venido con él desde Galilea le siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue colocado su cuerpo.

[56] Regresaron y prepararon aromas y ungüentos. El sábado descansaron según el precepto.

Cap.24

[1] El día siguiente al sábado, todavía muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado;

[2] y se encontraron con que la piedra había sido removida del sepulcro.

[3] Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

[4] Estaban desconcertadas por este motivo, cuando se les presentaron dos varones con vestidura refulgente.

[5] Como estaban llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: -¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

[6] No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea

[7] diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día.

[8] Entonces ellas se acordaron de sus palabras.

[9] Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás.

[10] Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los apóstoles.

[11] Y les pareció como un desvarío lo que contaban, y no les creían.

[12] Pedro, no obstante, se levantó y echó a correr hacia el sepulcro; y al inclinarse vio sólo los lienzos. Entonces se marchó a casa, admirándose de lo ocurrido.

[13] Ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios.

[14] Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido.

[15] Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos,

[16] aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle.

[17] Y les dijo: -¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino? Y se detuvieron entristecidos.

[18] Uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: -¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?

[19] Él les dijo: -¿Qué ha pasado? Y le contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueb