as en que les será arrebatado el esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán.

[36] Y les decía también una parábola: -Nadie pone a un vestido viejo un remiendo cortado de un vestido nuevo, porque entonces, además de romper el nuevo, el remiendo del vestido nuevo no le iría bien al viejo.

[37] Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; porque entonces el vino nuevo reventará los odres, y se derramará, y los odres se perderán.

[38] El vino nuevo debe echarse en odres nuevos.

[39] Y ninguno acostumbrado a beber vino añejo quiere del nuevo, porque dice: «El añejo es mejor».

Cap.6

[1] Un sábado pasaba él por entre unos sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas, las desgranaban con las manos y se las comían.

[2] Algunos fariseos les dijeron: -¿Por qué hacéis en sábado lo que no es lícito?

[3] Y Jesús respondiéndoles dijo: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvieron hambre él y los que le acompañaban?

[4] ¿Cómo entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la proposición y comió y dio a los que le acompañaban, a pesar de que sólo a los sacerdotes les es lícito comerlos?

[5] Y les decía: -El Hijo del Hombre es señor del sábado.

[6] Otro sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha.

[7] Los escribas y los fariseos le observaban a ver si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.

[8] Pero él conocía sus pensamientos y le dijo al hombre que tenía la mano seca: -Levántate y ponte en medio. Y se levantó y se puso en medio.

[9] Entonces Jesús les dijo: -Yo os pregunto: ¿es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida de un hombre o perderla?

[10] Entonces, mirando a todos los que estaban a su alrededor, le dijo a al que tenía la mano seca: -Extiende tu mano. Él lo hizo, y su mano quedó curada.

[11] Ellos se llenaron de rabia y comenzaron a discutir entre sí qué harían contra Jesús.

[12] En aquellos días salió al monte a orar y pasó toda la noche en oración a Dios.

[13] Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y de entre ellos eligió a doce, a los que denominó apóstoles:

[14] a Simón, a quien también llamó Pedro, y a su hermano Andrés, a Santiago, a Juan, a Felipe, a Bartolomé,

[15] a Mateo, a Tomás, a Santiago de Alfeo, a Simón, llamado Zelotes,

[16] a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor.

[17] Bajando con ellos, se detuvo en un lugar llano. Y había una multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo procedente de toda Judea y de Jerusalén y del litoral de Tiro y Sidón,

[18] que vinieron a oírle y a ser curados de sus enfermedades. Y los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados.

[19] Toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

[20] Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir: -Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

[21] »Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. »