
[21] Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios,

[22] los adulterios, los deseos avariciosos, las maldades, el fraude, la deshonestidad, la envidia, la blasfemia, la soberbia y la insensatez.

[23] Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre.

[24] Se fue de allí y se marchó hacia la región de Tiro y de Sidón. Entró en una casa y deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer inadvertido.

[25] Es más, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu impuro, entró y se postró a sus pies.

[26] La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.

[27] Y le dijo: -Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.

[28] Ella respondió diciendo: -Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos.

[29] Y le dijo: -Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija.

[30] Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama y que el demonio había salido.

[31] De nuevo, salió de la región de Tiro y vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis.

[32] Le traen a uno que era sordo y que a duras penas podía hablar y le ruegan que le imponga la mano.

[33] Y apartándolo de la muchedumbre, le metió los dedos en las orejas y le tocó con saliva la lengua;

[34] y mirando al cielo, suspiró, y le dijo: -"Effetha" -que significa: «Ábrete».

[35] Y se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y empezó a hablar correctamente.

[36] Y les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, más lo proclamaban;

[37] y estaban tan maravillados que decían: -Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Cap.8

[1] En aquellos días, reunida de nuevo una gran muchedumbre que no tenía qué comer, llamando a los discípulos les dijo:

[2] -Me da mucha pena la muchedumbre, porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer;

[3] y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, porque algunos han venido desde lejos.

[4] Y le respondieron sus discípulos: -¿Quién podrá alimentarlos de pan aquí, en un desierto?

[5] Les preguntó: -¿Cuántos panes tenéis? -Siete -respondieron ellos.

[6] Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los distribuyeran; y los distribuyeron a la muchedumbre.

[7] Tenían también unos pocos pececillos; después de bendecirlos, mandó que los distribuyeran.

[8] Y comieron y quedaron satisfechos, y con los trozos sobrantes recogieron siete espuertas.

[9] Eran unos cuatro mil. Y los despidió.

[10] Y subiendo enseguida a la barca con sus discípulos, se fue hacia la región de Dalmanuta. La levadura de los fariseos y de Herodes
