is palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre acompañado de sus santos ángeles.

Cap.9

[1] Y les decía: -En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios que ha llegado con poder.

[2] Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo, a ellos solos aparte, a un monte alto y se transfiguró ante ellos.

[3] Sus vestidos se volvieron deslumbrantes y muy blancos; tanto, que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos.

[4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

[5] Pedro, tomando la palabra, le dice a Jesús: -Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

[6] Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor.

[7] Entonces se formó una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube: -Éste es mi Hijo, el amado: escuchadle.

[8] Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie: sólo a Jesús con ellos.

[9] Mientras bajaban del monte les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.

[10] Ellos retuvieron estas palabras, discutiendo entre sí qué era lo de resucitar de entre los muertos.

[11] Y le hacían esta pregunta: -¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?

[12] Él les respondió: -Elías vendrá primero y restablecerá todas las cosas. Pero ¿cómo es que está escrito del Hijo del Hombre que padecerá mucho y será despreciado?

[13] Sin embargo, yo os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que querían, según está escrito de él.

[14] Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos.

[15] Nada más verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle.

[16] Y él les preguntó: -¿Qué estabais discutiendo entre vosotros?

[17] A lo que respondió uno de la muchedumbre: -Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo;

[18] y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espumarajos y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.

[19] Él les contestó: -¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo.

[20] Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, hizo retorcerse al niño, que cayendo a tierra se revolcaba echando espumarajos.

[21] Entonces preguntó al padre: -¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Le contestó: -Desde muy pequeño;

[22] y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él. Pero si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos.

[23] Y Jesús le dijo: -¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree!

[24] Enseguida el padre del niño exclamó: -¡Creo, Señor; ayuda mi