undo cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna.

[31] Porque muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

[32] Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo. Tomó de nuevo consigo a los doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:

[33] -Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles;

[34] se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará.

[35] Entonces se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: -Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

[36] Él les dijo: -¿Qué queréis que os haga?

[37] Y ellos le contestaron: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

[38] Y Jesús les dijo: -No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado?

[39] -Podemos -le dijeron ellos. Jesús les dijo: -Beberéis el cáliz que yo bebo y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado;

[40] pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto.

[41] Al oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan.

[42] Entonces Jesús les llamó y les dijo: -Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las oprimen, y los poderosos las avasallan.

[43] No tiene que ser así entre vosotros; al contrario: quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor;

[44] y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos:

[45] porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos.

[46] Llegan a Jericó. Y cuando salía él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un ciego, Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al lado del camino pidiendo limosna.

[47] Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a decir a gritos: -¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!

[48] Y muchos le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más: -¡Hijo de David, ten piedad de mí!

[49] Se paró Jesús y dijo: -Llamadle. Llamaron al ciego diciéndole: -¡Ánimo!, levántate, te llama.

[50] Él, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

[51] Jesús le preguntó: -¿Qué quieres que te haga? -Rabboni, que vea -le respondió el ciego.

[52] Entonces Jesús le dijo: -Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista. Y le seguía por el camino.

Cap.11

[1] Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos

[2] y les dijo: -Id a la aldea que tenéis enfrente y nada más entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo.

[3] Y si alguien o