sotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas.

[30] En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla.

[31] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

[32] »Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

[33] Estad atentos, velad: porque no sabéis cuándo será el momento.

[34] Es como un hombre que al marcharse de su tierra, y al dejar su casa y dar atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, ordenó también al portero que velase.

[35] Por eso: velad, porque no sabéis a qué hora volverá el señor de la casa, si por la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada;

[36] no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos.

[37] Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!

Cap.14

[1] Dos días después era la Pascua y los Ácimos. Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte,

[2] pues decían: -Que no sea durante la fiesta, para que no se produzca un alboroto del pueblo.

[3] Se encontraba en Betania en la casa de Simón el leproso, y, mientras estaba recostado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro, de mucho precio. Y rompiendo el frasco, se lo derramó por la cabeza.

[4] Algunos de los que estaban allí, indignados, se decían: -¿Para qué se ha hecho este despilfarro de perfume?

[5] Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y darlo a los pobres -y la reprendían.

[6] Pero Jesús dijo: -Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo,

[7] porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis, pero a mí no siempre me tenéis.

[8] Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.

[9] En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio, en todo el mundo, también lo que ella ha hecho se contará en memoria suya.

[10] Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes para entregárselo.

[11] Éstos, al oírle, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo podría entregárselo en una ocasión propicia.

[12] El primer día de los Ácimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos: -¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

[13] Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice: -Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle,

[14] y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: "¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"»

[15] Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí.

[16] Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.

[17] Al anochecer, llega con los