iguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea.

[8] También de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía.

[9] Y les dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le aplastasen;

[10] porque sanaba a tantos, que todos los que tenían enfermedades se le echaban encima para tocarle.

[11] Y los espíritus impuros, cuando lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban diciendo: -¡Tú eres el Hijo de Dios!

[12] Y les ordenaba con mucha fuerza que no le descubriesen.

[13] Y subiendo al monte llamó a los que él quiso, y fueron donde él estaba.

[14] Y constituyó a doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar

[15] con potestad de expulsar demonios:

[16] a Simón, a quien le dio el nombre de Pedro;

[17] a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes les dio el nombre de Boanerges, es decir, «hijos del trueno»;

[18] a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago el de Alfeo, a Tadeo, a Simón el Cananeo

[19] y a Judas Iscariote, el que le entregó.

[20] Entonces llegó a casa; y se volvió a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer.

[21] Se enteraron sus parientes y fueron a llevárselo porque decían que había perdido el juicio.

[22] Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: -Tiene a Beelzebul, y expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.

[23] Y convocándolos les decía con parábolas: -¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

[24] Si un reino está dividido en su interior, ese reino no puede sostenerse;

[25] y si una casa está dividida en su interior, esa casa no podrá sostenerse.

[26] Y si Satanás se levanta contra sí mismo, entonces se encuentra dividido y no puede sostenerse, sino que ha llegado su fin.

[27] Pues nadie puede entrar en la casa de uno que es fuerte y arrebatarle sus bienes, si antes no ata al que es fuerte. Sólo entonces podrá arrebatarle su casa.

[28] »En verdad os digo que todo se les perdonará a los hijos de los hombres: los pecados y cuantas blasfemias profieran;

[29] pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo jamás tendrá perdón, sino que será reo de delito eterno.

[30] Porque ellos decían: -Tiene un espíritu impuro.

[31] Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, enviaron a llamarlo.

[32] Y estaba sentada a su alrededor una muchedumbre, y le dicen: -Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera.

[33] Y, en respuesta, les dice: -¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?

[34] Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: -Éstos son mi madre y mis hermanos:

[35] quien hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Cap.4

[1] De nuevo comenzó a enseñar al lado del mar. Y se reunió en torno a él una muchedumbre tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, en el mar, mientras toda la muchedu