mbre permanecía en tierra, en la orilla.

[2] Les explicaba con parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza:

[3] -Escuchad: salió el sembrador a sembrar.

[4] Y ocurrió que, al echar la semilla, parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.

[5] Parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, por no ser hondo el suelo;

[6] pero cuando salió el sol se agostó, y se secó porque no tenía raíz.

[7] Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron, y no dio fruto.

[8] Y otra cayó en tierra buena, y comenzó a dar fruto: crecía y se desarrollaba; y producía el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno.

[9] Y decía: -El que tenga oídos para oír, que oiga.

[10] Y cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con los doce le preguntaron por el significado de las parábolas.

[11] Y les decía: -A vosotros se os ha concedido el misterio del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera todo se les anuncia con parábolas,

[12] de modo que "los que miran miren y no vean", " y los que oyen oigan pero no entiendan", "no sea que se conviertan y se les perdone".

[13] Y les dice: -¿No entendéis esta parábola? ¿Y cómo podréis entender las demás parábolas?

[14] El que siembra, siembra la palabra.

[15] Los que están junto al camino donde se siembra la palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

[16] Los que reciben la semilla sobre terreno pedregoso son aquellos que, cuando oyen la palabra, al momento la reciben con alegría,

[17] pero no tienen en sí raíz, sino que son inconstantes; y después, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropiezan y caen.

[18] Hay otros que reciben la semilla entre espinos: son aquellos que han oído la palabra,

[19] pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de las riquezas y los apetitos de las demás cosas les asedian, ahogan la palabra y queda estéril.

[20] Y los que han recibido la semilla sobre la tierra buena, son aquellos que oyen la palabra, la reciben y dan fruto: el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno.

[21] Y les decía: -¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo de un celemín o debajo de la cama? ¿No se pone sobre un candelero?

[22] Pues no hay cosa escondida que no vaya a saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público.

[23] Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.

[24] Y les decía: -Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis se os medirá y hasta se os dará de más.

[25] Porque al que tiene se le dará; y al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.

[26] Y decía: -El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra,

[27] y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo.

[28] Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga.

[29] Y en 