lenos de asombro.

[43] Les insistió mucho en que nadie lo supiera, y dijo que le dieran a ella de comer.

Cap.6

[1] Salió de allí y se fue a su ciudad, y le seguían sus discípulos.

[2] Y cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos de los que le oían decían admirados: -¿De dónde sabe éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se le ha dado y estos milagros que se hacen por sus manos?

[3] ¿No es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él.

[4] Y les decía Jesús: -No hay profeta que no sea menospreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

[5] Y no podía hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.

[6] Y se asombraba por su incredulidad. Y recorría las aldeas de los contornos enseñando.

[7] Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros.

[8] Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón;

[9] y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas.

[10] Y les decía: -Si entráis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de aquel lugar.

[11] Y si en algún sitio no os acogen ni os escuchan, al salir de allí sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.

[12] Se marcharon y predicaron que se convirtieran.

[13] Y expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

[14] Llegó esto a oídos del rey Herodes, pues su nombre se había hecho famoso, y decía: -Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él unos poderes.

[15] Otros decían: -Es Elías. Otros, en fin, decían: -Es un profeta, igual que los demás profetas.

[16] Pero cuando lo oyó Herodes decía: -Éste es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

[17] En efecto, el propio Herodes había mandado apresar a Juan y le había encadenado en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo; porque se había casado con ella

[18] y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano».

[19] Herodías le odiaba y quería matarlo, pero no podía:

[20] porque Herodes tenía miedo de Juan, ya que se daba cuenta de que era un hombre justo y santo. Y le protegía y al oírlo le entraban muchas dudas; y le escuchaba con gusto.

[21] Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea,

[22] entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Le dijo el rey a la muchacha: -Pídeme lo que quieras y te lo daré.

[23] Y le juró varias veces: -Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino.

[24] Y, saliendo, le dijo a su madre: -¿Qué le pido? -La cabeza de Juan el Bautista -contestó ella.

[25] Y al instante, entrando depri