 se reían de él.

[25] Y, cuando echaron de allí a la gente, entró, la tomó de la mano y la niña se levantó.

[26] Y esta noticia corrió por toda aquella comarca.

[27] Al marcharse Jesús de allí, le siguieron dos ciegos diciendo a gritos: -¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!

[28] Cuando llegó a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: -¿Creéis que puedo hacer eso? -Sí, Señor -le respondieron.

[29] Entonces les tocó los ojos diciendo: -Que se haga en vosotros conforme a vuestra fe.

[30] Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: -Mirad que nadie lo sepa.

[31] Ellos, en cambio, en cuanto salieron divulgaron la noticia por toda aquella comarca.

[32] Nada más irse, le trajeron un endemoniado mudo.

[33] Después de expulsar al demonio habló el mudo. Y la multitud se quedó admirada diciendo: -Jamás se ha visto cosa igual en Israel.

[34] Pero los fariseos decían: -Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.

[35] Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.

[36] Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas "como ovejas que no tienen pastor".

[37] Entonces les dijo a sus discípulos: -La mies es mucha, pero los obreros pocos.

[38] Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Cap.10

[1] Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus impuros y para curar todas las enfermedades y dolencias.

[2] Los nombres de los doce apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;

[3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo;

[4] Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que le entregó.

[5] A estos doce los envió Jesús, después de darles estas instrucciones: -No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;

[6] sino id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

[7] Id y predicad: «El Reino de los Cielos está cerca».

[8] Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, expulsad los demonios. Gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente.

[9] No llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas,

[10] ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento.

[11] »En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella que sea digno; y quedaos allí hasta que os vayáis.

[12] Al entrar en una casa dadle vuestro saludo.

[13] Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.

[14] Si alguien no os acoge ni escucha vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudíos el polvo de los pies.

[15] En verdad os digo que en el día del Juicio la tierra de Sodoma y Gomorra será tratada con menos rigor que esa 