como un comerciante que busca perlas finas

[46] y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.

[47] »Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que se echa en el mar y recoge todo clase de cosas.

[48] Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera.

[49] Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos

[50] y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

[51] »¿Habéis entendido todo esto? -Sí -le respondieron.

[52] Él les dijo: -Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.

[53] Cuando terminó Jesús estas parábolas se marchó de allí.

[54] Y al llegar a su ciudad se puso a enseñarles en su sinagoga, de manera que se quedaban admirados y decían: -¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes?

[55] ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

[56] Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿Pues de dónde le viene todo esto?

[57] Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: -No hay profeta que no sea menospreciado en su tierra y en su casa.

[58] Y no hizo allí muchos milagros por su incredulidad.

Cap.14

[1] En aquel entonces oyó el tetrarca Herodes la fama de Jesús,

[2] y les dijo a sus cortesanos: -Éste es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él esos poderes.

[3] Herodes, en efecto, había apresado a Juan, lo había encadenado y lo había metido en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo,

[4] porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla».

[5] Y aunque quería matarlo, tenía miedo del pueblo porque lo consideraban un profeta.

[6] El día del cumpleaños de Herodes salió a bailar la hija de Herodías y le gustó tanto a Herodes,

[7] que juró darle cualquier cosa que pidiese.

[8] Ella, instigada por su madre, dijo: -Dame aquí, en esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.

[9] El rey se entristeció, pero por el juramento y por los comensales ordenó dársela.

[10] Y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

[11] Trajeron su cabeza en la bandeja y se la dieron a la muchacha, que la entregó a su madre.

[12] Acudieron luego sus discípulos, tomaron el cuerpo muerto, lo enterraron y fueron a dar la noticia a Jesús.

[13] Al oírlo Jesús se alejó de allí en una barca hacia un lugar apartado él solo. Cuando la gente se enteró le siguió a pie desde las ciudades.

[14] Al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos.

[15] Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: -Éste es un lugar apartado y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos.

[16] Pero Jesús les dijo: -No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.

