[17] Ellos le respondieron: -Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.

[18] Él les dijo: -Traédmelos aquí.

[19] Entonces mandó a la gente que se acomodara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.

[20] Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y de los trozos que sobraron recogieron doce cestos llenos.

[21] Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

[22] Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

[23] Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí.

[24] Mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario.

[25] En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar.

[26] Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron: -¡Es un fantasma! -y llenos de miedo empezaron a gritar.

[27] Pero al instante Jesús les habló: -Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo.

[28] Entonces Pedro le respondió: -Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

[29] -Ven -le dijo él. Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús.

[30] Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar: -¡Señor, sálvame!

[31] Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: -Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?

[32] Y cuando subieron a la barca se calmó el viento.

[33] Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: -Verdaderamente eres Hijo de Dios.

[34] Acabaron la travesía y llegaron a tierra a la altura de Genesaret.

[35] Al reconocerlo los hombres de aquel lugar mandaron aviso a toda la comarca y le trajeron a todos los que se sentían mal,

[36] y le suplicaban poder tocar aunque sólo fuera el borde su manto. Y todos los que lo tocaron quedaron sanos.

Cap.15

[1] Por entonces unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:

[2] -¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores? Pues, cuando comen pan, no se lavan las manos.

[3] Él les respondió: -¿Y por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

[4] Porque Dios dijo: "Honra a tu padre y a tu madre". Y "el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muerte".

[5] Vosotros, en cambio, decís que si alguien le dice a su padre o a su madre: «Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí»,

[6] ése ya no tiene obligación de honrar a su padre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición.

[7] Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:

[8] "Este pueblo me honra con los labios", "pero su corazón está muy lejos de mí."

[9] "Inútilmente 