-respondieron ellos.

[35] Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo.

[36] Tomó los siete panes y los peces y, después de dar gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

[37] Y comieron todos y quedaron satisfechos. Con los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

[38] Los que comieron eran cuatro mil hombres sin contar mujeres y niños.

[39] Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y se fue a los confines de Magadán.

Cap.16

[1] Se acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarle, le rogaron que les hiciera ver una señal del cielo.

[2] Él les respondió: -Al atardecer decís que va a hacer buen tiempo, porque está el cielo arrebolado;

[3] y por la mañana, que hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojizo y sombrío. ¿Así que sabéis descubrir el aspecto del cielo y no podéis descubrir los signos de los tiempos?

[4] Esta generación perversa y adúltera pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Y los dejó y se marchó.

[5] Al pasar los discípulos a la otra orilla se olvidaron de llevar panes.

[6] Jesús les dijo: -Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.

[7] Pero ellos comentaban entre sí: «No hemos traído panes».

[8] Al darse cuenta Jesús, dijo: -Hombres de poca fe. ¿Por qué vais comentando entre vosotros que no tenéis panes?

[9] ¿Todavía no entendéis? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres y de cuántos cestos recogisteis?

[10] ¿Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres y de cuántas espuertas recogisteis?

[11] ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.

[12] Entonces comprendieron que no se había referido a guardarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.

[13] Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, comenzó a preguntarles a sus discípulos: -¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

[14] Ellos respondieron: -Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas.

[15] Él les dijo: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

[16] Respondió Simón Pedro: -Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

[17] Jesús le respondió: -Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

[18] Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

[19] Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos.

[20] Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.

[21] Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escriba