. El primero se casó y falleció, y, al no tener descendencia, dejó su mujer a su hermano.

[26] Lo mismo sucedió con el segundo y el tercero, hasta el séptimo.

[27] Después de todos ellos, murió la mujer.

[28] Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será esposa?, porque la tuvieron todos.

[29] Jesús les respondió: -Estáis equivocados por no entender las Escrituras ni el poder de Dios:

[30] porque en la resurrección no se casarán ni ellas ni ellos, sino que serán en el cielo como los ángeles.

[31] Y sobre la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os dejó dicho Dios:

[32] "Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob"? No es Dios de muertos sino de vivos.

[33] Y la muchedumbre, al oírlo, quedaba admiraba de su enseñanza.

[34] Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se pusieron de acuerdo,

[35] y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle:

[36] -Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

[37] Él le respondió: -"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma" y con toda tu mente.

[38] Éste es el mayor y el primer mandamiento.

[39] El segundo es como éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

[40] De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

[41] Estaban reunidos unos fariseos y Jesús les preguntó:

[42] -¿Qué pensáis del Mesías? ¿De quién es hijo? -De David -le respondieron.

[43] Él les dice: -¿Entonces, cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor al decir:

[44] "Dijo el Señor a mi Señor": "«Siéntate a mi derecha", "hasta que ponga a tus enemigos" "bajo tus pies»"?

[45] »Por lo tanto, si David le llama «Señor», ¿cómo va a ser hijo suyo?

[46] Y nadie podía responderle una palabra; y desde aquel día ninguno se atrevió a hacerle ya más preguntas.

Cap.23

[1] Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos

[2] diciendo: -En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.

[3] Haced y cumplid todo cuanto os digan; pero no obréis como ellos, pues dicen pero no hacen.

[4] Atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con uno de sus dedos quieren moverlas.

[5] Hacen todas sus obras para que les vean los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan sus franjas.

[6] Anhelan los primeros puestos en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas

[7] y que les saluden en las plazas, y que la gente les llame rabbí.

[8] Vosotros, al contrario, no os hagáis llamar rabbí, porque sólo uno es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

[9] No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, el celestial.

[10] Tampoco os dejéis llamar doctores, porque vuestro doctor es uno sólo: Cristo.

[11] Que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor.

[12] El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.

[13] »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el Reino de los 