] Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron.

[6] A medianoche se oyó una voz: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!»

[7] Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas.

[8] Y las necias les dijeron a las prudentes: «Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan».

[9] Pero las prudentes les respondieron: «Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras».

[10] Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta.

[11] Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: «¡Señor, señor, ábrenos!»

[12] Pero él les respondió: «En verdad os digo que no os conozco».

[13] Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora.

[14] »Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes.

[15] A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó.

[16] El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco.

[17] Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos.

[18] Pero el que había recibido uno fue, hizo un agujero en la tierra y escondió el dinero de su señor.

[19] Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos.

[20] Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos».

[21] Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».

[22] Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos».

[23] Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».

[24] Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;

[25] por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo».

[26] Su amo le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido;

[27] por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío con los intereses.

[28] Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.

[29] »Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.

[30] En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes».

[31] »Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria,

[32] 