y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,

[33] y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda.

[34] Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo:

[35] porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis;

[36] estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».

[37] Entonces le responderán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?;

[38] ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?,

[39] o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?»

[40] Y el Rey, en respuesta, les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis».

[41] Entonces dirá a los que estén a la izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles:

[42] porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;

[43] era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis».

[44] Entonces le replicarán también ellos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?»

[45] Entonces les responderá: «En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo.

[46] Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna».

Cap.26

[1] Cuando terminó Jesús todos estos discursos, les dijo a sus discípulos:

[2] -Sabéis que dentro de dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para que lo crucifiquen.

[3] Entonces se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás,

[4] y acordaron apoderarse de Jesús con engaño y darle muerte.

[5] Pero decían: -Que no sea durante la fiesta, para que no se produzca alboroto entre el pueblo.

[6] Se encontraba Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

[7] cuando se acercó a él una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de gran valor y, mientras estaba recostado a la mesa, se lo derramó por la cabeza.

[8] Al ver esto, los discípulos se indignaron y dijeron: -¿A qué viene este despilfarro?

[9] Se podía haber vendido por mucho dinero y darlo a los pobres.

[10] Pero Jesús, que se dio cuenta, les dijo: -¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo,

[11] porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.

[12] Al derramar ella sobre mi cuerpo este perfume, lo ha hecho para preparar mi sepultura.

[13] En verdad os digo: dondequiera que se predique este Evangelio, en todo el m