 sumo sacerdote le dijo: -Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

[64] -Tú lo has dicho -le respondió Jesús-. Además os digo que en adelante veréis "al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo".

[65] Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo: -¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya lo veis, acabáis de oír la blasfemia.

[66] ¿Qué os parece? -Es reo de muerte -respondieron ellos.

[67] Entonces comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas. Los que le abofeteaban

[68] decían: -Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que te ha pegado?

[69] Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo: -Tú también estabas con Jesús el Galileo.

[70] Pero él lo negó delante de todos: -No sé de qué hablas.

[71] Al salir al portal le vio otra, y les dijo a los que había allí: -Éste estaba con Jesús el Nazareno.

[72] De nuevo lo negó con juramento: -No conozco a ese hombre.

[73] Un poco después se acercaron los que estaban allí y le dijeron a Pedro: -Desde luego tú también eres de ellos, porque tu acento lo manifiesta.

[74] Entonces comenzó a imprecar y a jurar: -¡No conozco a ese hombre! Y al momento cantó un gallo.

[75] Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces». Y salió afuera y lloró amargamente.

Cap.27

[1] Al llegar el amanecer, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se pusieron de acuerdo contra Jesús para darle muerte.

[2] Y atándolo, lo llevaron y lo entregaron al procurador Pilato.

[3] Entonces Judas, el que le entregó, al ver que había sido condenado, movido por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos:

[4]-He pecado entregando sangre inocente -dijo. -¿A nosotros qué nos importa? Tú veras -dijeron ellos.

#P [5] Y, después de arrojar las monedas de plata en el Templo, fue y se ahorcó.

[6] Los príncipes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron: -No es lícito echarlas al tesoro del Templo, porque son precio de sangre.

[7] Y, después de ponerse de acuerdo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de peregrinos;

[8] por lo cual ese campo se ha llamado, hasta el día de hoy, «Campo de sangre».

[9] Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: "Y tomaron las treinta monedas de plata, precio en que fue valorado aquel a quien tasaron los hijos de Israel; "

[10] "y las dieron para el campo del alfarero, tal como "me" lo ordenó el Señor".

[11] Hicieron comparecer a Jesús ante el procurador. El procurador le interrogó: -¿Eres tú el Rey de los Judíos? -Tú lo dices -contestó Jesús.

[12] Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.

[13] Entonces le dijo Pilato: -¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti?

[14] Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera qu