n él.

[43] "Confió en Dios", "que le salve" ahora "si le quiere de verdad", porque dijo: «Soy Hijo de Dios».

[44] Incluso los ladrones que habían sido crucificados con él le insultaban de la misma manera.

[45] Toda la tierra se cubrió de tinieblas desde la hora sexta hasta la hora nona.

[46] Hacia la hora nona Jesús clamó con fuerte voz: -"Elí, Elí, ¿lemá sabacthaní"? -es decir, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

[47] Algunos de los allí presentes, al oírlo, decían: -Éste llama a Elías.

[48] E inmediatamente uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en "vinagre", la sujetó en una caña y se lo "dio a beber".

[49] Los demás decían: -¡Déjalo! Vamos a ver si viene Elías a salvarle.

[50] Pero Jesús, dando de nuevo una fuerte voz, entregó el espíritu.

[51] Y en esto el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se partieron;

[52] se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de los santos, que habían muerto, resucitaron.

[53] Y saliendo de los sepulcros, después de que él resucitara, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.

[54] El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de gran temor y dijeron: -En verdad éste era Hijo de Dios.

[55] Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, las que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle.

[56] Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.

[57] Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús.

[58] Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato, entonces, ordenó que se lo entregaran.

[59] Y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia

[60] y lo puso en su sepulcro, que era nuevo y que había mandado excavar en la roca. Hizo rodar una gran piedra a la puerta del sepulcro y se marchó.

[61] Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro.

[62] Al día siguiente de la Parasceve se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos ante Pilato

[63] y le dijeron: -Señor, nos hemos acordado de que ese impostor dijo en vida: «Al tercer día resucitaré».

[64] Manda, por eso, custodiar el sepulcro hasta el tercer día, no vaya a ser que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: «Ha resucitado de entre los muertos», y sea la última impostura peor que la primera.

[65] Pilato les respondió: -Ahí tenéis la guardia; id a custodiarlo como os parezca bien.

[66] Ellos se fueron a asegurar el sepulcro sellando la piedra y poniendo la guardia.

Cap.28

[1] Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.

[2] Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella.

[3] Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve