.

[4] Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos.

[5] El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: -Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

[6] No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto.

[7] Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho.

[8] Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

[9] De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron.

[10] Entonces Jesús les dijo: -No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

[11] Mientras ellas se iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido.

[12] Se reunieron con los ancianos, se pusieron de acuerdo y dieron una buena suma de dinero a los soldados

[13] diciéndoles: -Tenéis que decir: «Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos».

[14] Y en el caso de que esto llegue a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad.

[15] Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.

[16] Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

[17] Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron.

[18] Y Jesús se acercó y les dijo: -Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.

[19] Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;

[20] y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.