iados.

[34] Así que toda la ciudad vino al encuentro de Jesús y, cuando le vieron, le rogaron que se alejara de su región.

Cap.9

[1] Subió a una barca, cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad.

[2] Entonces, le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: -Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.

[3] Entonces algunos escribas dijeron para sus adentros: «Éste blasfema».

[4] Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: -¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

[5] ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y anda»?

[6] Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados -se dirigió entonces al paralítico-, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

[7] Él se levantó y se fue a su casa.

[8] Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.

[9] Al marchar Jesús de allí, vio a un hombre sentado al telonio, que se llamaba Mateo, y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y le siguió.

[10] Ya en la casa, estando a la mesa, vinieron muchos publicanos y pecadores y se sentaron también con Jesús y sus discípulos.

[11] Los fariseos, al ver esto, empezaron a decir a sus discípulos: -¿Por qué vuestro maestro come con publicanos y pecadores?

[12] Pero él lo oyó y dijo: -No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

[13] Id y aprended qué sentido tiene: "Misericordia quiero y no sacrificio"; porque no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.

[14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan para decirle: -¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia y, en cambio, tus discípulos no ayunan?

[15] Jesús les respondió: -¿Acaso pueden estar de duelo los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Ya vendrá el día en que les será arrebatado el esposo; entonces, ya ayunarán.

[16] »Nadie pone un remiendo de paño nuevo a un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido y se produce un desgarrón peor.

[17] Ni se echa vino nuevo en odres viejos; porque entonces los odres revientan, y el vino se derrama, y los odres se pierden. El vino nuevo lo echan en odres nuevos y así los dos se conservan.

[18] Mientras les decía estas cosas, un hombre importante se acercó, se postró ante él y le dijo: -Mi hija se acaba de morir, pero ven, pon la mano sobre ella y vivirá.

[19] Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos.

[20] En esto, una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, acercándose por detrás, tocó el borde de su manto,

[21] porque se decía a sí misma: «Con sólo tocar su manto me curaré».

[22] Jesús se volvió y mirándola le dijo: -Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado. Y desde ese mismo momento quedó curada la mujer.

[23] Cuando llegó Jesús a la casa de aquel hombre y vio a los músicos fúnebres y a la gente alterada, comenzó a decir:

[24] -Retiraos; la niña no ha muerto, sino que duerme. Pero