 para todos tendrás -también de Cristo- fuego, luz y calor.

  155. Jesús no se satisface "compartiendo": lo quiere todo.

  156. No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios... y te acomodas, en cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla.

  157. No me saques las cosas de quicio: si se te da Dios mismo, ¿a qué ese apego a las criaturas?

  158. Ahora son lágrimas. -¿Duele, eh? -¡Claro, hombre!: por eso precisamente te han dado ahí.

  159. Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. -Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice.

  160. Dime, dime: eso... ¿es una amistad o es una cadena?

  161. Haces un derroche de ternura. -Y te digo: caridad con tus prójimos, sí: siempre. -Pero -óyeme bien, alma de apóstol-, es de Cristo, y sólo para El, ese otro sentimiento que el Señor mismo ha puesto en tu pecho. -Además..., ¿no es cierto que al descorrer algún cerrojo de tu corazón -siete cerrojos necesitas- más de una vez quedó flotando en tu horizonte sobrenatural la nubecilla de la duda..., y te preguntas, atormentado a pesar de tu pureza de intención: no habré ido demasiado lejos en mis manifestaciones exteriores de afecto?

  162. El corazón, a un lado. Primero, el deber. -Pero, al cumplir el deber, pon en ese cumplimiento el corazón: que es suavidad.

  163. Si tu ojo derecho te escandalizare..., ¡arráncalo y tíralo lejos! -¡pobre corazón, que es el que te escandaliza!
Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. -Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: "Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!"

  164. ¿Cómo va ese corazón? -No te me inquietes: los santos -que eran seres bien conformados y normales, como tú y como yo -sentían también esas "naturales" inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción "sobrenatural" de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido.
Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y "bien enamorada".

  165. Tú... que por un amorcillo de la tierra has pasado por tantas bajezas, ¿de veras te crees que amas a Cristo y no pasas, ¡por El!, esa humillación?

  166. Me escribes: "Padre, tengo... dolor de muelas en el corazón". -No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones.
¡Si te dejaras!...

  167. "¡Ah, si hubiera roto al principio!", me has dicho. -Ojalá no tengas que repetir esa exclamación tardía.

  168. "Me hizo gracia que hable usted de la 'cuenta' que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez -en el sentido austero de la palabra- sino simplemente Jesús". -Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo.

  169. Te acogota el dolor porque lo recibes con cobardía. -Recíbelo, valiente, con espí