ritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.

  170. ¡Qué claro el camino!... ¡Qué patentes los obstáculos!... ¡Qué buenas armas para vencerlos!... -Y, sin embargo, ¡cuántas desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad?
-Es el hilillo sutil -cadena: cadena de hierro forjado-, que tú y yo conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del camino y que te hace tropezar y aun caer.
-¿A qué esperas para cortarlo... y avanzar?

  171. El Amor... ¡bien vale un amor!

  172. Si no eres mortificado nunca serás alma de oración.

  173. Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes... Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior.

  174. No digas: esa persona me carga. -Piensa: esa persona me santifica.

  175. Ningún ideal se hace realidad sin sacrificio. -Niégate. -¡Es tan hermoso ser víctima!

  176. ¡Cuántas veces te propones servir a Dios en algo... y te has de conformar, tan miserable eres, con ofrecerle la rabietilla, el sentimiento de no haber sabido cumplir aquel propósito tan fácil!

  177. No desaproveches la ocasión de rendir tu juicio propio. -Cuesta..., pero ¡qué agradable es a los ojos de Dios!

  178. Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor... y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo..., que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú.

  179. Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás.

  180. Donde no hay mortificación, no hay virtud.

  181. Mortificación interior. -No creo en tu mortificación interior si veo que desprecias, que no practicas, la mortificación de los sentidos.

  182. Bebamos hasta la última gota del cáliz del dolor en la pobre vida presente. -¿Qué importa padecer diez años, veinte, cincuenta..., si luego es cielo para siempre, para siempre..., para siempre?
-Y, sobre todo, -mejor que la razón apuntada, "propter retributionem"-, ¿qué importa padecer, si se padece por consolar, por dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a El en su Cruz, en una palabra: si se padece por Amor?...

  183. ¡Los ojos! Por ellos entran en el alma muchas iniquidades. -¡Cuántas experiencias a lo David!... -Si guardáis la vista habréis asegurado la guarda de vuestro corazón.

  184. ¿Para qué has de mirar, si "tu mundo" lo llevas dentro de ti?

  185. El mundo admira solamente el sacrificio con espectáculo, porque ignora el valor del sacrificio escondido y silencioso.

  186. Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que el sacrificio sea holocausto.

  187. Paradoja: para Vivir hay que morir.

  188. Mira que el corazón es un traidor. -Tenlo cerrado con siete cerrojos.

  189. T