ado de hombres "suyos" en cada actividad humana. -Después... "pax Christi in regno Christi" -la paz de Cristo en el reino de Cristo.

  302. Tu Crucifijo. -Por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu Crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también.

  303. Pierde el miedo a llamar al Señor por su nombre -Jesús- y a decirle que le quieres.

  304. Procura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior.

  305. Me has escrito: "La sencillez es como la sal de la perfección. Y es lo que a mí me falta. Quiero lograrla, con la ayuda de El y de usted."
-Ni la de El ni la mía te faltará. -Pon los medios.

  306. Que la vida del hombre sobre la tierra es milicia, lo dijo Job hace muchos siglos.
-Todavía hay comodones que no se han enterado.

  307. Ese modo sobrenatural de proceder es una verdadera táctica militar. -Sostienes la guerra -las luchas diarias de tu vida interior- en posiciones, que colocas lejos de los muros capitales de tu fortaleza.
Y el enemigo acude allí: a tu pequeña mortificación, a tu oración habitual, a tu trabajo ordenado, a tu plan de vida: y es difícil que llegue a acercarse hasta los torreones, flacos para el asalto, de tu castillo. -Y si llega, llega sin eficacia.

  308. Me escribes y copio: "Mi gozo y mi paz. Nunca podré tener verdadera alegría si no tengo paz. ¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha, sin lucha no podré tener paz".

  309. ¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! -Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.
¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!

  310. "Induimini Dominum Jesum Christum" -revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, decía San Pablo a los Romanos. -En el Sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos.

  311. ¡La guerra! -La guerra tiene una finalidad sobrenatural -me dices- desconocida para el mundo: la guerra ha sido para nosotros...
-La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil. -Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas.

  312. ¡Poder de tu nombre, Señor! -Encabecé mi carta, como suelo: "Jesús te me guarde".
-Y me escriben: "El ¡Jesús te me guarde! de su carta ya me ha servido para librarme de una buena. Que El les guarde también a todos".

  313. "Ya que el Señor me ayuda con su acostumbrada generosidad, procuraré corresponder con un 'afinamiento' de mis modos", me dijiste. -Y yo no tuve nada que añadir.

  314. Te escribí, y te decía: "me apoyo en ti: ¡tú verás qué hacemos...!" -¡Qué íbamos a hacer, sino apoyarnos en el Otro!

  315. Misionero. -Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo Xavier: y quieres conquistar para Cr