de los hombres! -No juzguéis sin tamizar vuestro juicio en la oración.

  452. Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti.

  453. ¿Murmuras? -Pierdes, entonces, el buen espíritu y, si no aprendes a callar, cada palabra es un paso que te acerca a la puerta de salida de esa empresa apostólica en la que trabajas.

  454. No juzguéis sin oír a las dos partes. -Muy fácilmente, aun las personas que se tienen por piadosas, se olvidan de esta norma de prudencia elemental.

  455. ¿Sabes el daño que puedes ocasionar al tirar lejos una piedra si tienes los ojos vendados?
-Tampoco sabes el perjuicio que puedes producir, a veces grave, al lanzar frases de murmuración, que te parecen levísimas, porque tienes los ojos vendados por la desaprensión o por el acaloramiento.

  456. Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral.
-Construir: ésta es la labor que requiere maestros.

  457. ¿Quién eres tú para juzgar el acierto del superior? -¿No ves que él tiene más elementos de juicio que tú; más experiencia; más rectos, sabios y desapasionados consejeros; y, sobre todo, más gracia, una gracia especial, gracia de estado, que es luz y ayuda poderosa de Dios?

  458. Esos choques con el egoísmo del mundo te harán estimar en más la caridad fraternal de los tuyos.

  459. Tu caridad es... presuntuosa. -Desde lejos, atraes: tienes luz. -De cerca, repeles: te falta calor. -¡Qué lástima!

  460. "Frater qui adjuvatur a fratre quasi civitas firma" -El hermano ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada.
-Piensa un rato y decídete a vivir la fraternidad que siempre te recomiendo.

  461. Si no te veo practicar la bendita fraternidad, que de continuo te predico, te recordaré aquellas palabras entrañables de San Juan: "Filioli mei, non diligamus verbo neque lingua, sed opere et veritate" -Hijitos míos, no amemos con la palabra o con la lengua, sino con obras y de verdad.

  462. ¡Poder de la caridad! -Vuestra mutua flaqueza es también apoyo que os sostiene derechos en el cumplimiento del deber si vivís vuestra fraternidad bendita: como mutuamente se sostienen, apoyándose, los naipes.

  463. Más que en "dar", la caridad está en "comprender". -Por eso busca una excusa para tu prójimo -las hay siempre-, si tienes el deber de juzgar.

  464. ¿Sabes que aquella persona está en peligro para su alma? -Desde lejos, con tu vida de unión, puedes serle ayuda eficaz. -¡Hala, pues!, y no te intranquilices.

  465. Esas desazones que sientes por tus hermanos me parecen bien: son prueba de vuestra mutua caridad. -Procura, sin embargo, que tus desazones no degeneren en inquietud.

  466. De ordinario, la gente es muy poco generosa con su dinero -me escribes-. Conversación, entusiasmos bulliciosos, promesas, planes. -A la hora del sac