arne, si acudes a Ella con confianza.

  505. El amor a la Señora es prueba de buen espíritu, en las obras y en las personas singulares.
-Desconfía de la empresa que no tenga esa señal.

  506. La Virgen Dolorosa. Cuando la contemples, ve su Corazón: es una Madre con dos hijos, frente a frente: El... y tú.

  507. ¡Qué humildad, la de mi Madre Santa María! -No la veréis entre las palmas de Jerusalén, ni -fuera de las primicias de Caná- a la hora de los grandes milagros.
-Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, "juxta crucem Jesu" -junto a la cruz de Jesús, su Madre.

  508. Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano -no hay dolor como su dolor-, llena de fortaleza.
-Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz.

  509. ¡María, Maestra del sacrificio escondido y silencioso!
-Vedla, casi siempre oculta, colaborar con el Hijo: sabe y calla.

  510. ¿Veis con qué sencillez? -"Ecce ancilla!..." -Y el Verbo se hizo carne.
-Así obraron los santos: sin espectáculo. Si lo hubo, fue a pesar de ellos.

  511. "Ne timeas, Maria!" -¡No temas, María!... -Se turbó la Señora ante el Arcángel.
-¡Para que yo quiera echar por la borda esos detalles de modestia, que son salvaguarda de mi pureza!

  512. ¡Oh Madre, Madre!: con esa palabra tuya -"fiat"- nos has hecho hermanos de Dios y herederos de su gloria. -¡Bendita seas!

  513. Antes, solo, no podías... -Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué fácil!

  514. Confía. -Vuelve. -Invoca a la Señora y serás fiel.

  515. ¿Que por momentos te faltan las fuerzas? -¿Por qué no se lo dices a tu Madre: "consolatrix afflictorum, auxilium christianorum..., Spes nostra, Regina apostolorum"?

  516. ¡Madre! -Llámala fuerte, fuerte. -Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha.

  517. "Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam!..." -Me explico esa pausa tuya, cuando rezas, saboreando: creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica...

  518. ¡Qué alegría, poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia santa!

  519. Ese grito -"serviam!"- es voluntad de "servir" fidelísimamente, aun a costa de la hacienda, de la honra y de la vida, a la Iglesia de Dios.

  520. Católico, Apostólico, ¡Romano! -Me gusta que seas muy romano. Y que tengas deseos de hacer tu "romería", "videre Petrum", para ver a Pedro.

  521. ¡Qué bondad la de Cristo al dejar a su Iglesia los Sacramentos! -Son remedio para cada necesidad.
-Venéralos y queda, al Señor y a su Iglesia, muy agradecido.

  522. Ten veneración y respeto por la Santa Liturgia de la Iglesia y por sus ceremonias particulares. -Cúmplelas fielmente. -¿No ves que los pobrecitos hombres necesitamos que hasta lo más grande y noble entre por los sentidos?

  523. Canta la Iglesia -se ha dicho- porque hablar no 