: "Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!" -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!

  585. "Si habueritis fidem, sicut granum sinapis!" -¡Si tuvierais fe tan grande como un granito de mostaza!...
-¡Qué promesas encierra esa exclamación del Maestro!

  586. Dios es el de siempre. -Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura.
-"Ecce non est abbreviata manus Domini" -¡El brazo de Dios, su poder, no se ha empequeñecido!

  587. No tienen fe. -Pero tienen supersticiones. Risa y vergüenza nos dio aquel poderoso que perdía su tranquilidad al oír una determinada palabra, de suyo indiferente e inofensiva -que era, para él, de mal agÜero- o al ver girar la silla sobre una pata.

  588. "Omnia possibilia sunt credenti" -Todo es posible para el que cree. -Son palabras de Cristo.
-¿Qué haces, que no le dices con los apóstoles: "adauge nobis fidem!" -¡auméntame la fe!?

  589. Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos.

  590. No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra.
-Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa.

  591. Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me dejas.

  592. No olvides que eres... el depósito de la basura. -Por eso, si acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia... y te llena de magníficas flores..., ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso.
-Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios?

  593. Cuando te veas como eres, ha de parecerte natural que te desprecien.

  594. No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo.

  595. Si te conocieras, te gozarías en el desprecio, y lloraría tu corazón ante la exaltación y la alabanza.

  596. No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler.
-Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. -No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti.

  597. Si obraras conforme a los impulsos que sientes en tu corazón y a los que la razón te dicta, estarías de continuo con la boca en tierra, en postración, como un gusano sucio, feo y despreciable... delante de ¡ese Dios!, que tanto te va aguantando.

  598. ¡Qué grande es el valor de la humildad! -"Quia respexit humilitatem..." Por encima de la fe, de la caridad, de la pureza inmaculada, reza el himno gozoso de nuestra Madre en la casa de Zacarías:
"Porque vio mi humildad, he aquí que, por esto, me llamarán bienaventurada todas las generaciones".

  599. Eres polvo sucio y caído. -Aunque el soplo del Espíritu Santo te levante sobre las cosas todas de la tierra y haga que br