ille como oro, al reflejar en las alturas con tu miseria los rayos soberanos del Sol de Justicia, no olvides la pobreza de tu condición.
Un instante de soberbia te volvería al suelo, y dejarías de ser luz para ser lodo.

  600. ¿Tú..., soberbia? -¿De qué?

  601. ¿Soberbia? -¿Por qué?... Dentro de poco -años, días- serás un montón de carroña hedionda: gusanos, licores malolientes, trapos sucios de la mortaja..., y nadie, en la tierra, se acordará de ti.

  602. Tú, sabio, renombrado, elocuente, poderoso: si no eres humilde, nada vales. -Corta, arranca ese "yo", que tienes en grado superlativo -Dios te ayudará- y entonces podrás comenzar a trabajar por Cristo, en el último lugar de su ejército de apóstoles.

  603. Esa falsa humildad es comodidad: así, tan humildico, vas haciendo dejación de derechos... que son deberes.

  604. Reconoce humildemente tu flaqueza para poder decir con el Apóstol: "cum enim infirmor, tunc potens sum" -porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

  605. Padre: ¿cómo puede usted aguantar esta basura? -me dijiste, luego de una confesión contrita.
-Callé, pensando que si tu humildad te lleva a sentirte eso -basura: ¡un montón de basura!-, aún podremos hacer de toda tu miseria algo grande.

  606. Mira qué humilde es nuestro Jesús, ¡un borrico fue su trono en Jerusalén!...

  607. La humildad es otro buen camino para llegar a la paz interior. -"El" lo ha dicho: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón... y encontraréis paz para vuestras almas".

  608. No es falta de humildad que conozcas el adelanto de tu alma. -Así lo puedes agradecer a Dios.
-Pero no olvides que eres un pobrecito, que viste un buen traje... prestado.

  609. El propio conocimiento nos lleva como de la mano a la humildad.

  610. Tu reciedumbre, para defender el espíritu y las normas del apostolado en que trabajas, no debe flaquear por falsa humildad. -Esa reciedumbre no es soberbia: es virtud cardinal de fortaleza.

  611. Por soberbia. -Ya te ibas creyendo capaz de todo, tú solo. -Te dejó un instante, y fuiste de cabeza. -Sé humilde y su apoyo extraordinario no te faltará.

  612. Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el pincel en manos del artista. -Y nada más.
-Dime para qué sirve un pincel, si no deja hacer al pintor.

  613. Para que seas humilde, tú, tan vacío y tan pagado de ti mismo, te basta considerar aquellas palabras de Isaías: eres "gota de agua o de rocío que cae en la tierra, y apenas se echa de ver".

  614. En los trabajos de apostolado no hay desobediencia pequeña.

  615. Templa tu voluntad, viriliza tu voluntad: que sea, con la gracia de Dios, como un espolón de acero.
-Sólo teniendo una fuerte voluntad sabrás no tenerla para obedecer.

  616. Por esa tardanza, por esa pasividad, por esa resistencia tuya para obedecer, ¡cómo se resiente el apostolado y cómo se goza el enemigo!

  617. Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento -que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro