ición...: Jesús, dame esto: Jesús, esa alma: Jesús, aquella empresa?
No te preocupes ni te violentes: ¿no ves cómo, siendo el padre bueno y el hijo niño sencillo y audaz, el pequeñín mete las manos en el bolsillo de su padre, en busca de golosinas, antes de darle el beso de bienvenida? -Entonces...

  897. Nuestra voluntad, con la gracia, es omnipotente delante de Dios. -Así, a la vista de tantas ofensas para el Señor, si decimos a Jesús con voluntad eficaz, al ir en el tranvía por ejemplo: "Dios mío, querría hacer tantos actos de amor y de desagravio como vueltas da cada rueda de este coche", en aquel mismo instante delante de Jesús realmente le hemos amado y desagraviado según era nuestro deseo.
Esta "bobería" no se sale de la infancia espiritual: es el diálogo eterno entre el niño inocente y el padre chiflado por su hijo:
-¿Cuánto me quieres? ¡Dilo! -Y el pequeñín silabea: ¡Mu-chos mi-llo-nes!

  898. Si tienes "vida de infancia", por ser niño, has de ser espiritualmente goloso. -Acuérdate, como los de tu edad, de las cosas buenas que guarda tu Madre.
Y esto muchas veces al día. -Es cuestión de segundos... María... Jesús... el Sagrario... la Comunión... el Amor... el sufrimiento... las ánimas benditas del purgatorio... los que pelean: el Papa, los sacerdotes... los fieles... tu alma... las almas de los tuyos... los Angeles Custodios... los pecadores...

  899. ¡Cuánto te cuesta esa pequeña mortificación! -Luchas. -Parece como si te dijeran: ¿por qué has de ser tan fiel al plan de vida, al reloj? -Mira: ¿has visto con qué facilidad se engaña a los chiquitines? -No quieren tomar la medicina amarga, pero... ¡anda! -les dicen-, esta cucharadita, por papá; esta otra por tu abuelita... Y así, hasta que han ingerido toda la dosis.
Lo mismo tú: un cuarto de hora más de cilicio por las ánimas del purgatorio; cinco minutos más por tus padres; otros cinco por tus hermanos de apostolado... Hasta que cumplas el tiempo que te señala tu horario.
Hecha de este modo tu mortificación, ¡cuánto vale!

  900. No estás solo. -Lleva con alegría la tribulación. -No sientes en tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. -Pero... ¿has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos? -No estás solo: María está junto a ti.

  901. Jesús: nunca te pagaré, aunque muriera de Amor, la gracia que has derrochado para hacerme pequeño.

  902. ¿Por qué no te entregas a Dios de una vez..., de verdad... ¡ahora!?

  903. Si ves claramente tu camino, síguelo. -¿Cómo no desechas la cobardía que te detiene?

  904. "Id, predicad el Evangelio... Yo estaré con vosotros..." -Esto ha dicho Jesús... y te lo ha dicho a ti.

  905. El fervor patriótico -laudable- lleva a muchos hombres a hacer de su vida un "servicio", una "milicia". -No me olvides que Cristo tiene también "milicias" y gente escogida a su "servicio".

  906. "Et regni ejus non erit finis". -¡Su Reino no t