tienes miserias patentes e innegables. -Ojalá no te falte sencillez.

  933. Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración "Jesús, te amo", oyó esta respuesta del cielo: "Obras son amores y no buenas razones".
Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche.

  934. El celo es una chifladura divina de apóstol, que te deseo, y tiene estos síntomas: hambre de tratar al Maestro; preocupación constante por las almas; perseverancia, que nada hace desfallecer.

  935. No te duermas sobre los laureles. -Si, humanamente hablando, esa postura es incómoda y poco gallarda, ¿qué sucederá cuando los laureles -como ahora- no sean tuyos, sino de Dios?

  936. Al apostolado vas a someterte, a anonadarte: no a imponer tu criterio personal.

  937. Nunca seáis hombres o mujeres de acción larga y oración corta.

  938. Procura vivir de tal manera que sepas, voluntariamente, privarte de la comodidad y bienestar que verías mal en los hábitos de otro hombre de Dios.
Mira que eres el grano de trigo del que habla el Evangelio. -Si no te entierras y mueres, no habrá fruto.

  939. Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres o mujeres mundanos.

  940. No olvides que la unidad es síntoma de vida: desunirse es putrefacción, señal cierta de ser un cadáver.

  941. Obedecer..., camino seguro. -Obedecer ciegamente al superior..., camino de santidad. -Obedecer en tu apostolado..., el único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser obedecer o marcharse.

  942. Ten presente, hijo mío, que no eres solamente un alma que se une a otras almas para hacer una cosa buena.
Esto es mucho..., pero es poco. -Eres el Apóstol que cumple un mandato imperativo de Cristo.

  943. Que, tratándote, no se pueda exclamar lo que, con bastante razón, gritaba una determinada persona: "Estoy de honrados hasta aquí..." Y se tocaba en lo alto de la cabeza.

  944. Has de prestar Amor de Dios y celo por las almas a otros, para que éstos a su vez enciendan a muchos más que están en un tercer plano, y cada uno de los últimos a sus compañeros de profesión.
¡Cuántas calorías espirituales necesitas! -Y ¡qué responsabilidad tan grande si te enfrías!, y -no lo quiero pensar- ¡qué crimen tan horroroso si dieras mal ejemplo!

  945. Es mala disposición oír la palabra de Dios con espíritu crítico.

  946. Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios -ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas- habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración: habéis de llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias: orar, orar y orar; expiar, expiar y expiar.

  947. Te pasmaba que aprobara la falta de "uniformidad" en ese apostolado donde tú trabajas. Y te dije:
Unidad y variedad. -Habéis de ser tan varios, como variados son los santos del cielo, que cada uno tiene sus notas personales especialísimas. -Y, también, tan conformes unos con otros como los santos, que no serían santos si cada uno de e