llos no se hubiera identificado con Cristo.

  948. Tu, hijo predilecto de Dios, siente y vive la fraternidad, pero sin familiaridades.

  949. Aspirar a tener cargos en las empresas de apostolado es cosa inútil en esta vida, y para la otra Vida es un peligro.
Si Dios lo quiere, ya te llamarán. -Y entonces deberás aceptar. -Pero no olvides que en todos los sitios puedes y debes santificarte, porque a eso has ido.

  950. Si piensas que al trabajar por Cristo los cargos son algo más que cargas, ¡cuántas amarguras te esperan!

  951. Hacer cabeza en una obra de apostolado es tanto como estar dispuesto a sufrirlo todo, de todos, con infinita caridad.

  952. En el trabajo apostólico no se ha de perdonar la desobediencia, ni la doblez. -Ten en cuenta que sencillez no es imprudencia, ni indiscreción.

  953. Tienes obligación de pedir y sacrificarte por la persona e intenciones de "quien hace Cabeza" en tu empresa de apostolado. -Si eres remiso en el cumplimiento de este deber, me haces pensar que te falta entusiasmo por tu camino.

  954. Extrema el respeto al superior cuando te consulte y hayas de contradecir sus opiniones. -Y nunca le contradigas delante de quienes le estén sujetos, aunque no lleve razón.
(semejante a la 2ª frase)

  955. En tu empresa de apostolado no temas a los enemigos de fuera, por grande que sea su poder. -Este es el enemigo imponente: tu falta de "filiación" y tu falta de "fraternidad".

  956. Entiendo bien que te diviertan los desprecios que te hacen -aunque vengan de enemigos poderosos-, mientras sientas la unión con tu Dios y con tus hermanos de apostolado. -¿A ti, qué?

  957. Con frecuencia comparo la labor de apostolado con una máquina: ruedas dentadas, émbolos, válvulas, tornillos...
Pues, la caridad -tu caridad- es el lubricante.

  958. Deja ese "aire de suficiencia" que aísla de la tuya a las almas que se te acercan. -Escucha. Y habla con sencillez: sólo así crecerá en extensión y fecundidad tu trabajo de apóstol.

  959. El desprecio y la persecución son benditas pruebas de la predilección divina, pero no hay prueba y señal de predilección más hermosa que ésta: pasar ocultos.

  960. Así como el clamor del océano se compone del ruido de cada una de las olas, así la santidad de vuestro apostolado se compone de las virtudes personales de cada uno de vosotros.

  961. Es preciso que seas "hombre de Dios", hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. -Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida "para adentro".

  962. Unidad. -Unidad y sujeción. ¿Para qué quiero yo las piezas sueltas de un reloj, aunque sean primorosas, si no me dan la hora?

  963. No me hagáis "capillitas" dentro de vuestro trabajo. -Sería empequeñecer los apostolados: porque, si la "capillita" llega, ¡por fin!, al gobierno de una empresa universal... ¡qué pronto la empresa universal acaba en capillita!

  964. Me decías, con desconsuelo: ¡hay muchos caminos! -Debe haberlos: para que todas las almas puedan encontrar el suyo