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  103. Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día.

  104. "Pernoctans in oratione Dei" -pasó la noche en oración. -Esto nos dice San Lucas, del Señor.
Tú, ¿cuántas veces has perseverado así? -Entonces...

  105. Si no tratas a Cristo en la oración y en el Pan, ¿cómo le vas a dar a conocer?

  106. Me has escrito, y te entiendo: "Hago todos los días mi <ratito> de oración: ¡si no fuera por eso!"

  107. ¿Santo, sin oración?... -No creo en esa santidad.

  108. Te diré, plagiando la frase de un autor extranjero, que tu vida de apóstol vale lo que vale tu oración.

  109. Si no eres hombre de oración, no creo en la rectitud de tus intenciones cuando dices que trabajas por Cristo.

  110. Me has dicho alguna vez que pareces un reloj descompuesto, que suena a destiempo: estás frío, seco y árido a la hora de tu oración; y, en cambio, cuando menos era de esperar, en la calle, entre los afanes de cada día, en medio del barullo y alboroto de la ciudad, o en la quietud laboriosa de tu trabajo profesional, te sorprendes orando... ¿A destiempo? Bueno; pero no desaproveches esas campanadas de tu reloj. -El espíritu sopla donde quiere.

  111. Me has hecho reír con tu oración... impaciente. -Le decías: "no quiero hacerme viejo, Jesús... ¡Es mucho esperar para verte! Entonces, quizá no tenga el corazón en carne viva, como lo tengo ahora. Viejo, me parece tarde. Ahora, mi unión sería más gallarda, porque te quiero con Amor de doncel".

  112. Me gusta que vivas esa "reparación ambiciosa": ¡el mundo!, me has dicho. -Bien. Pero, en primer término, los de tu familia sobrenatural y de sangre, los del país que es nuestra Patria.

  113. Le decías: "No te fíes de mí... Yo sí que me fío de ti, Jesús... Me abandono en tus brazos: allí dejo lo que tengo, ¡mis miserias!" -Y me parece buena oración.

  114. La oración del cristiano nunca es monólogo.

  115. "Minutos de silencio". -Dejadlos para los que tienen el corazón seco.
Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos.

  116. No dejes tu lección espiritual. -La lectura ha hecho muchos santos.

  117. En la lectura -me escribes- formo el depósito de combustible. -Parece un montón inerte, pero es de allí de donde muchas veces mi memoria saca espontáneamente material, que llena de vida mi oración y enciende mi hacimiento de gracias después de comulgar.

  118. La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad.

  119. ¿Qué hermosa es la santa pureza! Pero no es santa, ni agradable a Dios, si la separamos de la caridad.
La caridad es la semilla que crecerá y dará frutos sabrosísimos con el riego, que es la pureza.
Sin caridad, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten las almas en un lodazal, en una charca inmunda, de donde salen vaharadas de soberbia.

  120. ¿Pureza? -preguntan. Y se sonríen. -Son los mismos que van al matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada.
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