l cielo te aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad.

  140. No te preocupes, pase lo que pase, mientras no consientas. -Porque sólo la voluntad puede abrir la puerta del corazón e introducir en él esas execraciones.

  141. En tu alma parece que materialmente oyes: "¡ese prejuicio religioso!"... -Y después la defensa elocuente de todas las miserias de nuestra pobre carne caída: "¡sus derechos!".
Cuando esto te suceda di al enemigo que hay ley natural y ley de Dios, ¡y Dios! -Y también infierno.

  142. "Domine!" -¡Señor!- "si vis, potes me mundare" -si quieres, puedes curarme.
-!Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! -No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: "volo, mundare!" -quiero, ¡sé limpio!

  143. Por defender su pureza San Francisco de Asís se revolcó en la nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San Bernardo se zambulló en un estanque helado... -Tú, ¿qué has hecho?

  144. La pureza limpísima de toda la vida de Juan le hace fuerte ante la Cruz. -Los demás apóstoles huyen del Gólgota: él, con la Madre de Cristo, se queda.
-No olvides que la pureza enrecia, viriliza el carácter.

  145. Un grupo de jóvenes en noble y alegre camaradería. Se oye una canción, y después otra y más. Aquel muchacho del bigote moreno sólo oyó la primera:
Corazones partidos
yo no los quiero;
y si le doy el mío,
lo doy entero.
"¡Qué resistencia a dar mi corazón entero!" -Y la oración brotó, en cauce manso y ancho.

  146. Me das la impresión de que llevas el corazón en la mano, como ofreciendo una mercancía: ¿quién lo quiere? -Si no apetece a ninguna criatura, vendrás a entregarlo a Dios.
¿Crees que han hecho así los santos?

  147. ¿Las criaturas para ti? -Las criaturas para Dios: si acaso, para ti por Dios.

  148. ¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los consuelos mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida eterna?

  149. Despréndete de las criaturas hasta que quedes desnudo de ellas. Porque -dice el Papa San Gregorio- el demonio nada tiene propio en este mundo, y desnudo acude a la contienda. Si vas vestido a luchar con él, pronto caerás en tierra: porque tendrá de donde cogerte.

  150. Parece como si tu Angel te dijera: ¡tienes tu corazón lleno de tanta afección humana!... -Y luego: ¿eso quieres que custodie tu Custodio?

  151. Desasimiento. -¡Cómo cuesta!... ¡Quién me diera no tener más atadura que tres clavos ni más sensación en mi carne que la Cruz!

  152. ¿No presientes que te aguarda más paz y más unión cuando hayas correspondido a esa gracia extraordinaria que te exige un total desasimiento?
-Lucha por El, por darle gusto: pero fortalece tu esperanza.

  153. ¡Anda!, con generosidad y como un niño, dile: ¿qué me irás a dar cuando me exiges "eso"?

  154. Tienes miedo de hacerte, para todos, frío y envarado. ¡Tanto quieres despegarte!
-Deja esa preocupación: si eres de Cristo -¡todo de Cristo!-,