ndido y clamo al cielo y a la tierra..., por cuando le perdí por mi culpa y no clamé.

Jesús: que nunca más te pierda... Y entonces la desgracia y el dolor nos unen, como nos unió el pecado, y salen de todo nuestro ser gemidos de profunda contrición y frases ardientes, que la pluma no puede, no debe estampar.

Y, al consolarnos con el gozo de encontrar a Jesús –¡tres días de ausencia!– disputando con los Maestros de Israel (Luc., II, 46), quedará muy grabada en tu alma y en la mía la obligación de dejar a los de nuestra casa por servir al Padre Celestial.

MISTERIOS DOLOROSOS

1 MISTERIO: ORACION EN EL HUERTO

Orad, para que no entréis en la tentación. –Y se durmió Pedro. –Y los demás apóstoles. –Y te dormiste tú, niño amigo..., y yo fui también otro Pedro dormilón.

Jesús, solo y triste, sufría y empapaba la tierra con su sangre.

De rodillas sobre el duro suelo, persevera en oración... Llora por ti... y por mí: le aplasta el peso de los pecados de los hombres.

Pater, si vis, transfer calicem istum a me –Padre, si quieres, haz que pase este cáliz de mí... Pero no se haga mi voluntad, sed tua fiat sino la tuya. (Luc., XXII, 42.)

Un Angel del cielo le conforta. –Está Jesús en la agonía. –Continúa prolixius más intensamente orando... –Se acerca a nosotros, que dormimos: levantaos, orad –nos repite–, para que no caigáis en la tentación. (Luc., XXII, 46.)

Judas el traidor: un beso. –La espada de Pedro brilla en la noche. –Jesús habla: ¿como a un ladrón venís a buscarme? (Marc., XIV, 48.)

Somos cobardes: le seguimos de lejos, pero despiertos y orando. –Oración... Oración...

2 MISTERIO: FLAGELACION DEL SEÑOR

Habla Pilatos: Vosotros tenéis costumbre de que os suelte a uno por Pascua. ¿A quién dejamos libre, a Barrabás –ladrón, preso con otros por un homicidio– o a Jesús? (Math., XXVII,17.) –Haz morir a éste y suelta a Barrabás, clama el pueblo incitado por sus príncipes. (Luc., XXIII, 18.) Habla Pilatos de nuevo: Entonces ¿qué haré de Jesús que se llama el Cristo? (Math., XXVII, 22.)

–¡Crucifige eum! –¡Crucifícale! (Marc., XV, 14.)

Pilatos, por tercera vez, les dice: Pues ¿qué mal ha hecho? Yo no hallo en él causa alguna de muerte. (Luc., XXIII, 22.)

Aumentaba el clamor de la muchedumbre: ¡crucifícale, crucifícale! (Marc., XV, 14.)

Y Pilatos, deseando contentar al pueblo, les suelta a Barrabás y ordena que azoten a Jesús.

Atado a la columna. Lleno de llagas.

Suena el golpear de las correas sobre su carne rota, sobre su carne sin mancilla, que padece por tu carne pecadora. –Más golpes. Más saña. Más aún... Es el colmo de la humana crueldad.

Al cabo, rendidos, desatan a Jesús. –Y el cuerpo de Cristo se rinde también al dolor y cae, como un gusano, tronchado y medio muerto.

Tú y yo no podemos hablar. –No hacen falta palabras. –Míralo, míralo... despacio.

Después... ¿serás capaz de tener miedo a la expiación?

3 MISTERIO: CORONACION DE ESPINAS

¡Satisfecha queda el ansia de sufrir de nuestro Rey! –Llevan a mi Señor al patio del pretorio, y al